domingo, 19 de mayo de 2013

Relatos Efímeros de un Viña Rock. Epílogo: Choque con la Realidad.


Buff… Han pasado dos semanas desde que volví del Viña y siento que este epílogo está fuera de lugar. Escribo estas líneas con pesimismo y abandono y casi por compromiso conmigo mismo pues estoy seguro que a más de la mitad de los que estáis leyendo esto no os interesa y al resto os da igual.

Sí, pues para qué mentir, al fin y al cabo este blog es un poco medio terapia, un sitio donde soltar la escoria que suelta mi cabeza tras rodar día a día por la misma pista donde ya apenas quedan baches y los que quedan parecen huir dejando un camino llano y aburrido.

Y diréis “¡Vete a contarle tus mierdas a otro!” pero primero, estáis leyendo esto porque queréis, nadie os ha obligado y segundo, esto forma parte del epílogo en sí. Porque, qué puedo hablar de lo que supone haber vivido en plena libertad sin complejos, sin presiones ni preocupaciones y llegar de nuevo a una vida monótona y aburrida como es la mía y a punto de empezar los exámenes para más inri.

He de decir sin embargo que, aunque sale de lo que acostumbro a escribir, el hecho de narrar mi experiencia en el Viña ha sido bastante reconfortante, pues después de llegar a casa a las tantas después de un largo día de clases pensando en los informes de prácticas que tienes que presentar y en los exámenes que tienes que estudiar, ponerte a relatar todo esto resultaba para mí una auténtica salida permitiéndome dar pequeñas bocanadas de aire antes de volver a zambullirme en la rutina.

Doy por ello mil gracias de haber tenido la oportunidad de vivir tal experiencia, sobre todo a aquellas personas que me acompañaron y me ayudaron a crear estos grandes recuerdos por los que me jodería mucho tener alzhéimer en el futuro…


Como ejemplo gráfico de cómo me sentí un día como hoy hace dos semanas podéis imaginaros que estáis en una montaña rusa brutal y de repente el carril se mete por un barro muy pegajoso parándose en seco y continuando el recorrido, esta vez por llano y a velocidad de tortuga y aun cuando te has acostumbrado por fin a este nuevo y al mismo tiempo viejo ritmo, todavía puedes mirar atrás y alcanzar a ver aquellos lupins que tanto te han hecho disfrutar.

Y sabes que no hay nada que hacer más esperar a tener otra oportunidad y pasar el mal trago lo más cómodo posible como aquel crío que debe tomarse una medicina maloliente y repugnante y la traga rápido tapándose la nariz y cerrando los ojos.

Y con esto termino. Una entrada breve espero que esclarecedora, que cierra definitivamente esta pequeña saga de “Relatos Efímeros de un Viña Rock” y me obliga a decir definitivamente adiós a lo que durante estas semanas ha sido uno de los mayores apoyos que he tenido.

Pero no me da pena, pues como decía al principio, este epílogo parece estar ya fuera de lugar y ya tenía ganas de terminarlo para poder llenar el blog con unas cuantas tonterías, pues ahora llegan los exámenes y los exámenes me cabrean y cuando me cabreo me inspiro y cuando me inspiro pues… salen cosas como reflexiones y riffs de guitarra, cualquier cosa con tal de distraerme de estudiar por lo visto…

Y sin más me despido que me estoy poniendo bastante pesado.

Salud y Rock and Roll.

PD: Como dije en entregas anteriores si alguien que estuvo en el viña quiere contar alguna historia, anécdota o relatar algún concierto que le gusto o simplemente tocar las narices un rato al populacho, que me pase su escrito y lo publicaré con gusto a su nombre.

lunes, 13 de mayo de 2013

Relatos Efímeros de un Viña Rock. Parte 4: Lo Llaman Democracia y No Lo Es.

Hola de nuevo gente y perdón por el retraso, esta semana la he tenido un pelín liada y, de hecho, no debería estar ahora mismo escribiendo, sino estudiando para el examen que tengo este jueves…

Sin embargo, no puedo dejarlo para más tiempo pues aún me queda por escribir esta parte, que es la última y el epílogo donde pienso hacer una pequeña reflexión de todo lo que ha implicado el ir al festival y, sobre todo, el volver aquí a una vida normal y aburrida, con exámenes, horarios y gente que no duerme en furgonetas.

He de avisar de que ha pasado más de una semana desde aquél sábado 4 de Mayo, pero por suerte he de decir que pudo ser el mejor día de todos, al menos el más gracioso y sorprendente. Espero que os guste y le ruego a la gente que estuvo conmigo que si me equivoco en algo lo cual es bastante probable, que me lo digan y lo corregiré.

Y sin más dilación empiezo.

Lo habíamos dejado por lo de habernos acostado a eso de las 6 y media de la mañana acostándonos y tal… bueno, pues la historia de hoy empieza a las 10 de la mañana a grito de “¡¡Os han meao la tienda!!”. 

No puedo presumir demasiado de mi sueño, pues es ligero y soy fácil de desvelar, así que ahí estábamos despiertos 3 horas y media después de habernos acostado, explicando de nuevo que la tienda estaba mojada por el rocío, mientras gorroneábamos chocolatinas que era lo único que teníamos para desayunar.

Tras un largo periodo de desperezo contando nuestras aventuras y desventuras del día anterior, de cómo nos habíamos movido y por tanto lo mucho que habíamos sudado (aviso: esto es sólo una treta narrativa para introducir la siguiente parte. No lo recuerdo muy bien porque estaba medio dormido pero apostaría a que no sucedió así exactamente) decidimos que iba a ser hora de ducharnos.

Rápidamente descartamos las duchas del camping, pues apostaría a que la cola que podíamos ver era de los que la estaban esperando el año anterior, así que decidimos dirigirnos a la casa que estaba en la cuesta del mercadillo que tenía las duchas a 5€ la caliente y a 3€ la fría. Aun así, yo no descarté el hecho de ducharnos en la gasolinera con la hidrolimpiadora, no recuerdo la última vez que me di una capa de cera.

Afortunadamente, al lado de la casa esta se encontraba otro puesto donde ofrecían entre otras cosas cerveza y café. No, no pedimos una cerveza, nos pedimos un café, pues nos hacía falta una buena dosis de cafeína, y de paso preguntamos al hombre si había mucha cola para la ducha.

El hombre, muy educado él, nos dijo que la cola para la ducha era enorme para la caliente, pero si queríamos una ducha fría no teníamos que esperar cola, lo cual evocó en mi mente la escena de Pulp Fiction donde duchan a Samuel L. Jackson y John Travolta con una manguera en el jardín de una casa, sólo que en este caso me imaginaba un patio de cemento… La idea de la gasolinera iba haciéndose cada vez más sólida.

Por suerte aquello no era suyo, él sólo tenía el puesto donde habíamos cogido los cafés y nos habló de un amigo suyo que tenía las duchas de agua caliente a 2.50€ y que además estaba metido entre callejones así que seguramente no habría mucha cola.

Esa sí nos pareció buena idea, así que gracias a las indicaciones del amable tendero y a que sus hijos fueron en nuestra búsqueda y nos guiaron, llegamos a la tierra prometida.

Como nos habían prometido la cola no era demasiado grande, tan sólo un par de grupos delante de nosotros (las duchas iban en grupos de 2) y un hombrecillo que estaba sentado al sol con un gorro de lana que... ¿cómo diablos no acabaría muerto? Hacía muchísimo calor.

Aunque la cola era pequeña, aun tuvimos que esperar un ratejo, aunque he de decir que, al menos para mí, en esos momentos no me importaba. De nuevo retomamos la conversación del día anterior hablando de qué habíamos hecho, sobre todo cuando nos separamos y tal, como por ejemplo el hecho de tener mi garganta dolorida por haber competido con Victor de WarCry a agudos y de cómo el café caliente me estaba trayendo de nuevo de vuelta a la vida.

Entonces llegamos a un punto en la conversación en que nos dimos cuenta de que no teníamos comida. Sí, cierto, a Popy y a mí nos quedaban unos cuantos macarrones, pero sólo nos daba para los dos y esta vez éramos 5. Además, no teníamos nada que echarle así que tendríamos que ir a comprar de nuevo, lo cual me recordó el episodio del mercadona del primer día y mis todavía doloridos pies del día anterior se quejaban de tener que volver a andar hasta allí.

Por suerte, recordé que el año anterior llegué a un súper cerca del camping que nos podría ayudar.
Cuando por fin entramos a la ducha pudimos ver dónde estaba la trampa. Las duchas eran básicamente dos lonas que contenían dos duchas cada una, que eran básicamente un terminal de ducha que sale de un tubo, que va a otro tubo que iba a un calentador. La casa se estaba construyendo así que no importaba demasiado que se mojara y todo eso.

Sé que puede parecer un poco cutre para la gente que ahora está leyendo esto en una silla cómoda ante su ordenador, pero en aquellos momentos todo nos parecía grandioso, es decir, estamos hablando de agua caliente, caliente de verdad.

Fue magnífico, una ducha tan buena en un momento así, buah. A mí personalmente me quitó todo el cansancio y me trajo completamente de nuevo a la vida. El sol ahora era brillante y no una maldita bola de fuego que nos quemaba a todos, además, pillamos una litrona de Mahou después de tres días a Steimburg y nos supo a… lo siento, no lo puedo describir con palabras, sólo diré que se nos quitó inmediatamente el dolor de estómago.

En fin, no era momento de ponerse a soñar, era momento de ir a comprar tomate, cerveza y caldito, sí, caldito, no me pensaba ir del Viña Rock sin haber bebido caldo caliente un día.
Decidimos ir a buscar el súper del que había hablado antes y no lo encontramos, pero encontramos otro de camino así que supongo que estuvo bien. Por desgracia, como deberíamos de haber previsto, el súper estaba cerca del camping y, por tanto, estaba vacío.

Quedaba pan blandurrio del cual cogimos dos barras y… poco más. No tenían carne ni tomate frito, pero lo que si tenían era… ¡¡CALDO!! Sí señores tenían caldo, además casero, hecho por la abuela de la familia que llevaba el súper. Veíamos como dos tipos se llevaban una botella de dos litros con caldo y pude notar como mi dolorida garganta me pedía a gritos que cogiera caldo para el día siguiente.

Pero el destino tenía otros planes para nosotros. Resultaba que aquellos tipos malditos habían cogido el último caldo y lo único que quedaba era dos vasos de plástico de caldo frío…

Decidimos que no iba a ser allí donde consiguiéramos nuestro elixir de la resurrección mañanera, así que cogimos valor y nos dirigimos hacia lo que hacía un par de días había resultado un auténtico campo de batalla: el mercadona.

Por suerte, Petan tenía su coche fuera del recinto del parking y decidió arriesgarse a perder su sitio para llevarnos en coche hasta allí, lo cual agradecimos nosotros y nuestros pies.

De paso al coche, pasamos una vez más por objetos perdidos en busca del móvil de Petan, en vano pues no lo tenían, sin embargo nos dijeron que en la guardia civil había más móviles y que podríamos pasarnos por allí. Un ligeramente “amable” policía nos indicó que el cuartel se encontraba cercano al mercadona lo cual nos pareció un golpe de suerte, siempre y cuando supiéramos llegar hasta allí…

Así que cogimos el coche, despidiéndonos del buen sitio en el que estaba y pusimos rumbo hacia… bueno, íbamos al mercadona, pero ni pudimos entrar por donde habíamos entrado el otro día así que tiramos un poco por el único sitio que podíamos confiando que de algún modo llegáramos hasta allí, y cuando estuvimos perdidos, ¿a quién recurrieron? Sí, a mí.

En serio, ¿por qué? Mi sentido de la orientación es nefasto, soy un hombre de un pueblo pequeño y sencillo, en cuanto me sacas a un sitio más grande y desconocido me pierdo. Aun así, todos me escuchaban y yo, apoyado por mi nefasta intuición los pude guiar.
Gracias a esto pudimos llegar sanos y salvos y sin casi ningún desvío. A esto y a que una mujer nos ayudó, pero no hubiera hecho falta… creo.

En fin, nos encontrábamos en el mercadona, con un coche, con un maletero y la masa de la otra vez había desaparecido. Llegué a pensar que había muerto en algún momento del día anterior y ahora me encontraba en el cielo viñarrockero donde no hay colas en las duchas y el mercadona siempre está vacío.

Así que entramos y me dejaron a mí el carro. He decir que no llevaba gafas en ese momento, así que pude protagonizar mi propia versión de Mr. Magoo. Por suerte, era el único con problemas de visión y el resto se encargó de llenar el carro.

Pudimos coger todo lo que necesitábamos, es decir, cerveza y… y… ¡caldo! ¡Hay que coger caldo! Y… ¿qué más? Fuera de bromas, cogimos comida que fue… atención redoble… sí, más macarrones, esta vez lisos que eran más baratos. Puestos a tirar la casa por la ventana cogimos además bacon, salchichas, el tomate frito, platos, vasos y agua. Casi parecíamos normales.

Ah, fuet, también cogimos fuet, pero por alguna razón se acabó casi antes de llevarlo al coche.
Después de salir del parking teniendo un montón de problemas con el tipo que lo vigilaba por no tener el ticket sellado porque se le notaba en la cara que le importaba mucho y por eso no nos abrió casi al instante con el mando mágico de su bolsillo, era el momento de volver a las tiendas, pues ya iba acercándose la hora de comer.

Y aquí nos encontramos con otro problema. Teníamos que dar la vuelta, pero era dirección prohibida. Si seguíamos adelante nos toparíamos con el camping, el cual tenía cerrada la carretera y no podíamos ir hacia arriba porque no podíamos torcer.

La solución, al menos la que estaba en mi cabeza, era bajar hasta abajo y rodear el pueblo por la carretera gorda hasta entrar por la avenida gorda hasta la zona de aparcamiento.
Muy bonito en mi cabeza y como nadie me hace caso nunca menos en el caso en el que me pongo a guiar por una zona desconocida y confusa pues fuimos camino abajo hasta llegar a un sitio en el que… bueno, no sabíamos por dónde ir.

A ver, he de decir en mi defensa, que en el plano de Villarrobledo que te mostraban en la web todo parecía más bonito, con flechas de colores y señalado con verde la zona de aparcamiento y eso. ¿Quién iba a pensar que habría rotondas y cruces de por medio?

Así que si ya nos habíamos conocido medio Villarrobledo buscando el mercadona el jueves, aquel día nos conocimos el otro medio, siempre bajo la atenta y paternal vigilancia del pajarito de la guardia civil.

De alguna manera, y tras algunas maldiciones hacia mi persona, logramos encontrar… no, el parking, no, pero sí el cuartel de la guardia civil, donde aprovechamos para ir a preguntar por el móvil de petan que… bueno, no pudo reclamar porque por lo visto estaba todo el mundo allí por la misma razón.

Nos pusimos en camino de nuevo y tras ver por tres veces el sitio por donde habíamos entrado Popy y yo (lo cual eran diferentes entradas) por fin llegamos a la gasolinera de BP por donde había entrado Petan y ya podíamos llegar. Además pudimos ver en nuestro camino que había otro mercadona por allí, un Día, un Aldi, un Lidl… faltaba un badulaque. Nos dimos cuenta que habíamos dado un puñado de vueltas cuando teníamos todo eso al lado…

En fin, como bien dice Daenerys, si miramos atrás estamos perdidos. Así que continuemos con la historia, la cual nos lleva de nuevo a la zona de aparcamiento donde iríamos a probar suerte a ver si encontrábamos un hueco para aparcar.

Pero la magia del Viña Rock no nos defraudó, no sólo encontramos sitio para aparcar, sino que encontramos el mismo sitio que habíamos abandonado antes al renunciar a él otro conductor, quién sabe por qué.

Cargando con la compra y tras encontrarnos a Vane que venía de… no recuerdo de dónde, nos fuimos camino de nuevo a nuestra zona con ganas de enganchar el camping gas y comer.

Llegados a este punto y con principios de tendinitis de tanto teclear, y sabiendo que no mucha gente llegará hasta aquí, os voy a contar un secreto por el cual quizás muera o quizás no. Este no es mi primer blog. Ya lo he dicho, no hay vuelta atrás. Bueno, podría borrarlo y tal, pero no lo voy a hacer. Mi anterior blog, o mejor dicho el anterior blog en el que participaba, pues lo llevábamos un grupo de amigos se llamaba El huevete era pequeño. Aún existe así que dejo el link, por si a alguien le interesa: http://elhueveteerapequenio.blogspot.com.es/ . La gracia del blog era no decir que éramos nosotros quienes escribíamos y pasarlo por las redes sociales como si hubiera sido un descubrimiento nuestro y tal. Obviamente, no tuvo demasiado éxito, pero éramos jóvenes y nos aburríamos mucho.

Volvamos a nuestra historia. Llegamos a nuestra zona y encontramos al resto del grupo ya comiendo unas tortillas de patata, que nos dieron a probar y estaba muy buena, la verdad. Popy y yo dejamos que esta vez fueran Petan, Javi y Vane los que hicieran la comida mientras nosotros descansábamos como señores a la sombra del toldo de aquella mañana tan movida tomando una rica cerveza.

He de decir que llegué a desconfiar un poco del resultado de los macarrones por el hecho de que iban con beicon y salchichas, pero debo reconocer que estaban buenísimos y si quitamos la obstrucción de las arterias, aquella comida era la perfecta para darnos la energía necesaria para la tarde que nos esperaba.
Después de comer hasta no poder aguantar más y de que nuestros amigos organizadores del Abejarock nos hablaran de sus visitas a Asturias por dos despedidas de soltero, decidieron sacar dos botellas de sidra que tenían en la nevera desde hacía un tiempo y, tras comprobar la habilidad de escanciar de Belloso, me convertí en el conejillo de indias para probar si estaba o no buena.

No morí así que todos consideramos que estaba buena y que podíamos seguir bebiendo. Diez minutos después habíamos acabado con las dos botellas y estábamos sacando cerveza para todos.
Y ahora es el momento de mirar de nuevo los horarios porque sinceramente ahora sí que no me acuerdo qué grupos íbamos a ver. Me acuerdo de Porretas, Sepultura y Ska-P, y creo que por ahí andaba Desakato y Bongo Botrako, y… Barón Rojo a los que no fui a ver porque están muy acabados y me da mucha pena.
Ah sí, ya recuerdo. Aquél día tocaba Manolo Kabezabolo a las 5 y media y teníamos ganas de ir, pero… estábamos demasiado a gusto allí. Además, se me soltó la lengua un poco más de la cuenta y empecé a criticar el Punk diciendo que no me gustaba demasiado (no hagáis esto en un festival de Punk) porque era muy sencillo y que podía sacar todas las canciones de Punk.

Así que me encontré con Belloso poniéndome canciones de Punk con el móvil que yo sacaba a duras penas porque sonaba más la guitarra que el móvil con lo que aunque sacara la canción nadie se lo creía, pero bueno. Fue un buen rato.

Decidimos que a lo que sí iríamos sería a Desakato, que tocaba a las 6 y media. Otro grupo al que no conocía y aunque no me impresionó demasiado terminó gustándome. Quizás fuera porque no parábamos de pedir cerveza unos y otros con las fichas que teníamos del día anterior o quién sabe.



El caso es que fuimos calentando porque los siguientes eran Porretas y… lo siento, el Punk no es lo mío, no puedo daros muchos detalles del concierto aparte de que me lo pasé de puta madre y hubo mucha cerveza de por medio.

so sí, aunque no tienen que ver mucho con el concierto, he de destacar varias cosas. Hubo varios momentos mágicos ese día. El primero fue cuando aparcamos en el mismo sitio que habíamos abandonado. El segundo de aquellos momentos fue cuando una ignorante pareja pasó a nuestro lado con una camiseta del Abejarock, lo cual causo un efecto inmediato entre nosotros, haciendo que Belloso cogiera al chaval por la espalda dándole un susto de muerte y le explicara que ellos eran los organizadores del evento terminando con una bonita foto... que no sé quién la tiene.



Otro momento del concierto o mejor dicho, personaje fue el tío vestido entero de oso panda (los lendakaris muertos tocaban después) y, digamos que su envergadura lo hacía parecer como tal provocando que todo el mundo quisiera hacerse una foto con él. Juraría que varios de nosotros se hicieron la foto, pero no sé quién la tiene.

Otro gran momentazo fue cuando un insensato pequeño grupo de personas se intentó hacer una foto con el escenario detrás y alguien se les añadiría provocando que otro se añadiera terminando con unas 70 personas en la foto entre las cuales nos encontrábamos, y esa foto sí que me gustaría tenerla pero va a ser un poco imposible. Si el dueño de la foto o alguien que lo conozca llegara a ver esto en algún momento de su vida sería genial que me pasara la foto para ponerla por aquí, porque fue un grandísimo momento.

Dado que más adelante tocaban grandes grupos como Sepultura y Ska-p, decidimos volver al camping a descansar y tomar un par de cervezas y quien dice un par dice llenar y vaciar varias veces la nevera.
Hubo un momento gracioso según llegábamos al camping pues resultó que coincidió que 5 de nosotros teníamos que mear colocándonos en fila en la pared del cementerio haciéndonos una foto. Pero eso no fue lo gracioso. Lo gracioso fue oír a lo que creo que era la novia de un tío diciéndole: “Tenías que mear en el otro lado, ¿no? No podías haberte puesto a mear a este lado de la pared y salir en la foto con esos colgaos, ¿no?”. Y sí, los colgaos éramos nosotros.



Ya en nuestro territorio, y según yo lo recuerdo y aviso que mis recuerdos pueden ser diferentes de la realidad dada la cantidad de cerveza que había caído, me saqué la guitarra dispuesto a tocar canciones más populares y conocidas empezando a cantar yo sólo, hasta que vino un vecino armado con un ukelele al que automáticamente Vane lo nombró Tomasito, y así se quedó el pobre.

Entonces empezamos a tocar, turnándonos la guitarra y la gente se empezó animar. Niño Soldado de Ska-P, Ellos Dicen Mierda de La Polla Records, En Blanco y Negro y No Hay Tregua de Barricada y otras cuantas conocidas, provocando que la gente se animara y terminando cantando todos juntos. Oh, qué precioso momento.

Para bien o para mal llegó la hora de irnos, para ver un trozo de Lendakaris y después a Sepultura. Y bueno, sobra decir que se ya las cervezas ni las metíamos en la nevera pues no daba tiempo a que se enfriaran.

Y esto nos lleva al siguiente escenario: La Puerta. O donde te registran o te tocan literalmente los huevos. Las chicas se quejaban de nuevo por los excesivos registros provocando que Belloso a grito de “¡Esta noche me tocan!” se metiera en la cola de las tías.

Obviamente la ley dice que una tía no puede registrar a un tío, al menos no profundamente, por lo que terminaron desviándole a la cola de tíos. Pero… aquello no podía ser. ¿Acaso no estamos hablando constantemente de igualdad de oportunidades? Eso… eso… eso era una Dictadura.
Y así terminamos cantándoles a los registradores “Lo llaman Democracia y no lo es” que se modificó en un triste “Lo llaman Dictadura y eso es” para terminar en un “Abejarock, Abejarock, Abejarock” que atrajo la atención al tercer momento mágico de la noche.

Resulta que al grito de Abejarrock se nos unió un tipo que, sorprendentemente, tenía puesta una camiseta de “De Mal en Peor” antiguo grupo de punk bejarano, y digo antiguo porque ahora se llaman Impakto.
El caso es que el tío este no sólo conocía al grupo, sino que había sido compañero de piso de Cascón, el bajista y colega nuestro. Así que, como no podía ser de otra manera, terminaron llamándolo y hablando con él.

Tras ver un trozo de Lendakaris que no recuerdo muy bien, nos fuimos a ver Sepultura. Por desgracia, aunque son un grupo brutal, nadie menos yo quería quedarse, así que terminé quedándome sólo, esperando a Petan que había ido a mear o a pedir cerveza y no había vuelto a aparecer.
Por desgracia tampoco puedo hablar mucho de este concierto, soy musicalmente inculto en el sentido de que no conozco demasiados grupos y este no era uno de esos. Sin embargo, como buena amante del metal, pude disfrutar de un grandísimo espectáculo entre música, luces, la gente… a ver si me hago con los discos, porque paso de escucharlos en Spotify y que me salte entre medias un anuncio de tuenti o peor, una canción de Justin Bieber.

En fin, llegaba el turno a Ska-P y volver a ser ese niño de 8 años que se montó en un autobús camino a un campamento y escuchó la cinta de El Vals del Obrero y por ahí entró al mundillo del Rock. Poco a poco obviamente, además ya había tenido mis viajes con Deep Purple, Led Zeppelin y Pink Floyd gracias a mi padre.

He de señalar que antes de separarme del grupo, había quedado con ellos en un poste de madera, apuntad esto para el futuro. El caso es que me dirigí hacia allí encontrándome curiosamente con la única persona que no había quedado allí, más que nada porque no estaba cuando quedamos: Petan.
El resto no apareció, pero, considerando la enorme cantidad de gente que había consideré que no les había sido posible o simplemente habían preferido no hacerlo. Y es que, ¿a quién no le gusta o le ha gustado o ha bailado en la verbena alguna vez Ska-p?

Excepto unos cuantos, pude observar que la mayoría de los allí presentes habíamos crecido con ellos. Ellos habían sido nuestro primer grupo fuera de lo que te decían en la tele o en la radio que escucharas. Es decir, a mis nueve años yo ya tenía mi cinta de Eurosis, mi cinta de Celtas Cortos y mi cinta del Ballbreaker de AC/DC, la cual aún conservo en el coche junto a la cinta del A Real Live One de los Maiden y un concierto de Nirvana en Roma.

¿Y cómo sé esto? Fácil. El concierto estuvo bien, suenan los temas de siempre y disfrutas la puesta en escena que es siempre genial. Pero entonces se ponen a tocar temas de los últimos discos y ves cómo la gente se va callando y quedan unas cuantas voces. Seamos realistas, aparte de que Ska-p perdió toda su credibilidad cuando dijo que daba 5 conciertos y lo dejaban, para luego volver a unirse cuando les ha convenido, han perdido mucho fuelle desde Eurosis o Planeta Skoria. Además, musicalmente hablando no son gran cosa por no decir que muchos grupos amateur los superan sin dificultad.



¿Qué ganan? o mejor dicho ¿Cómo ganan? Fácil. Canciones pegadizas, mucha trompeta y ska y punk bien mezclados. Además, ¿a quién no le gusta ser reivindicativo?
En fin, no voy a negar que me lo pasé bien en el concierto y, dado que no dan casi ningún concierto en España, fue una oportunidad.

Hubo un momento en que nombraron las comunidades autónomas de España evocando a que los habitantes de cada una de ellas gritara. Bien, pues, aun teniendo una maldita bandera de Castilla y León delante, se olvidaron de nombrarnos. Vale, que CyL es una mierda, que no aportamos nada más que monumentos, que somos los perritos falderos del PP de Madrid (generalizando). Sí, todo eso es cierto. Pero tío, tienes una puta bandera delante de tus narices.

Otra cosa que no estuvo demasiado bien, fue el hecho de que encendieran bengalas entre el público. Ya hablé de ello la otra vez. Te violan en la entrada para registrarte pero sólo te quitan el alcohol, las armas u objetos peligrosos da igual. Decidido. El año que viene me llevo una catapulta.

Oh, mierda, se me olvidaba el último momento mágico, aunque no tan mágico como los otros, del día. He de contar una pequeña historia previa pero juro que valdrá la pena…creo.

Vamos unos años atrás, el año del primer Abejarock. Antes del festival, se creó en uno de los bares de Béjar lo que se llamó la antesala del Abejarock, donde grupos que tocarían después en el festival o simplemente grupos en general tocarían todos los viernes del invierno y tal para ir recaudando para el festival.

Uno de estos grupos fue “Menos da una Piedra” y, como su nombre indica, menos da una piedra, pues, aunque no fui a verlos, me contaron los tres que formaron el público que eran malísimos y que el batería estaba puestísimo de todo y no sabía ni tocar.

Al día siguiente de dicho concierto y tras haberme contado el panorama, los de mi antiguo grupo, El Zulo, y yo los vimos por la calle y los gritamos por la ventanilla:

-          ¡Menos da una piedra!
-          Eeeeeeeyy (apagado y sin ganas)

Todo esto viene a que cuando estaba dirigiéndome hasta el poste de madera donde todos habíamos quedado pude escuchar ¡Menos da una piedra! ¡Menos da una piedra! ¡Menos da una piedra! A lo que pensé para mí: “No jodas…” Terminando la anécdota con un encuentro con el cantante del grupo al que le dije que me acordaba de ellos de cuando fueron a Béjar, terminando él con un “Sí, la liamos mucho en Béjar, sí” con cara de apenas recordar quién era y por qué estaba hablando conmigo.

Al terminar el concierto Ska-p yo, me dirigí religiosamente al poste de madera a esperar a unos amigos que no llegaron, así que en lo que empezó Bongo Botraco, otra banda hippy-pija-ska que tanto se llevan en estos tiempos, me fui a pedir una cerveza que conseguí a duras penas por la cantidad de gente y me la tomé esperando en vano en el poste de madera.
Oh, el poste de madera, mi único compañero, él y la chica de Guadalajara, y una cerveza, y la gente de Ciudad Real... Oh, soledad…
Cansado de esperar y de existir, pues estaba reventado después del concierto, me dirigí hacia el camping con la esperanza de toparme con algún puesto de comida en el camino, pero no podía con mi alma. De hecho, prácticamente me tambaleé hasta la tienda donde me dejé caer, literalmente y me quedé dormido al instante. Hasta que me desperté un rato después y logré cerrar la puerta de la tienda volviéndome a dormir inmediatamente.
Me desperté al día siguiente fresquísimo pues había dormido fenomenal. Aproveché que era el primero para despertar a la gente a grito de ¡Os han meao la tienda! En vano, pues no se despertaron hasta un rato después pudiendo coger lo que estaba en su tienda y el objetivo máximo de este Viña Rock: El Caldo.

Cogimos el camping gas e hicimos caldo. Caldo caliente para desayunar y eso, eso sí que fue brutal. Ningún concierto es capaz de superar la sensación del caldo caliente aliviando tu dañada garganta y reposando tu estomago ardiente de tanta Steimburg… A eso le añadimos el jamón con pan de ajo y algún que otro trozo de kit-kat.

Un desayuno genial, pero un desayuno triste, pues era el último que haríamos allí. Después de aquello sólo quedaba desmontar las tiendas, guardar las cosas al coche y partir hacia casa, donde nos esperaba la aburrida y triste vida diaria, muy lejos de la libertad que habíamos experimentado aquellos días inolvidables. Ahora sólo quedaba intentar explicar a la gente en vano cómo te sientes y por qué vuelves tan eufórico. Pero eso lo dejaremos para el epílogo.

Y con esto termina esta historia. Disfruté viviéndola y he disfrutado contándola. No soy bueno contando historias, pero espero que os haya gustado. Para terminar con la serie haré un epílogo como reflexión de a qué me ha llevado el vivir esto que está lejos de ser una simple colección de conciertos, al menos para mí.

He pensado que si alguien quiere contar alguna historia del Viña Rock y no sabe dónde ponerlo, que me lo pase y lo pondré tal cual en el blog a su nombre y dentro de la serie de Relatos Efímeros de un Viña Rock.

Salud y Rock & Roll.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Relatos Efímeros de un Viña Rock. Parte 3: Somos Cultura.


En fin, pongámonos a continuar este largo proyecto que viene siendo relatar mi experiencia en el señor Viña Rock 2013. Muchos os preguntaréis (fijo que no) por qué los llamo relatos efímeros. Básicamente es porque me conozco. Mi memoria es bastante mala y los días se me van juntando unos con otros. De hecho, tengo que ir consultando una y otra vez el horario del festival para poder ir relacionando cosas.

Por otra parte, todos los que habéis estado en un festival, concierto, evento o lo que queráis un poco largo, sabéis el palo que supone abandonar todo aquello para de nuevo ingresar en la pulcra, educada y moral sociedad con su día a día, su rutina, sus conversaciones banales y políticamente correctas, es decir, todo lo que me saca de quicio, así que podréis notar que mi tono de escritura es mucho más flojo, ya que la rutina se va apoderando de mí y los exámenes me amenazan desde la vuelta de la esquina.

Dejando atrás (provisionalmente por desgracia) los malos royos es hora de continuar con nuestra historia.
Lo habíamos dejado el jueves por la noche (aunque ya era viernes) habiendo decidido acostarnos pronto para coger con fuerza el día siguiente, es decir, el que me voy a dedicar a relatar hoy.

Estábamos Popy y yo tranquilamente dormidos, relajados en nuestra tienda Quechua (copatrocinador oficial de Viña Rock junto a Steimburg) cuando la voz de nuestros últimos colegas nos despierta a voz de: “Ja, ja, os han meao la tienda” seguido de un “¿habrá llovido?”. He de decir que aunque por la noche había hecho un frío brutal, el sol por la mañana se alzaba fuerte e imparable convirtiendo nuestra tienda en un bonito horno solar donde más de una vez propusimos hacernos alguna pizza.

Perezosamente empezamos a levantarnos deshaciéndonos de toda la ropa de abrigo para no morir asfixiados y deshidratados, empezamos a buscar la cremallera para poder abrirla, pero las tiendas Quechua son malvadas y esconden sus cremalleras y cuando las encuentras hacen todo lo posible para que se te queden enganchadas con cualquier cosa como la tela, la otra cremallera, etc. Cuenta la leyenda que un hombre estuvo 5 años intentando abrir la tienda Quechua y cuando por fin lo consiguió se dio cuenta que la tienda se había quedado enganchado con él… o mejor dicho, él se había quedado enganchado a la tienda… o mejor dicho ¡¡¡ÉL ERA LA TIENDA!!! Terrorífico.

Paranoias aparte (ya me tomo la medicación, ya), logramos salir de la tienda y después de echarme un buen chorro de agua a la cara para despejarme y eso me tocó explicar, sin demasiado éxito, que el hecho de que la tienda estuviera mojada se debía al rocío y éste a la condensación, etc. Como ya dije sin mucho éxito, obviamente era más gracioso suponer que nos habían meado la tienda, así que no pude sacarles la idea de la cabeza. A partir de entonces se convertiría en el “buenos días” oficial.

Después de todo esto nos enteramos de una mala noticia. Uno de nosotros había perdido tanto el móvil como la cartera en el concierto de Boikot. Pleno. Y eso que los llevaba en un bolsillo con cremallera, pero fue muy bruto, así que no era de extrañar.

En lo que desayunábamos un rico zumo de naranja que habíamos cogido el día anterior y supongo que algo más aunque no me acuerdo, nos contaron que habían ido a objetos perdidos, sin demasiado éxito, pero que habían quedado alucinando con la cantidad de gente del camping, los puestos, las casas abiertas vendiendo hasta sus hijos si hacía falta y la interminable cola de 3 días para la ducha del camping.

Sí señores, no estuve en esa cola, pero creo no exagerar, pues daba varias vueltas y no tenía pinta de avanzar demasiado.

Sin embargo, una de nuestras mujeres (Vane) estaba dispuesta a seguir con su higiene diaria y decidió probar suerte a ver si no tardaba mucho la cola o algo así. Esto fue a las 10 de la mañana.
La siguiente vez que supimos de ella fue a la 1 de la tarde cuando nos informó por mensaje que ya se había duchado y aun así no pudimos verla hasta las 3 y media de la tarde. Pero no adelantemos acontecimientos, aún queda lo más importante de ese día.



Decir que las mañanas del Viña eran mañanas tranquilas sin demasiado que hacer aparte de estar sentado, tomar cerveza, dar un paseo, tomar cerveza, tocar los huevos tocando la guitarra a los que aún siguen dormidos, etc. Sin embargo, aquel día teníamos una meta: recuperar el móvil y la cartera de Petan.

Tras coger una cerveza fresquita cada uno (teníamos tres neveras, un lujazo vamos) nos encaminamos hacia la taquilla de objetos perdidos, la cual se encontraba calle abajo en el camping, suponiéndonos un agradable paseo entre puestos y más gente como nosotros que se dedicaba a ir de arriba abajo, supongo que tendrían sus motivos.

Puedo decir que, tristemente no tuvimos demasiada suerte. Ninguna de las dos cosas había aparecido. Petan nos contó que lo que más le jodía era el móvil, pues en él tenía todos los contactos del curro, muchos difíciles de volver a conseguir.

Pero no podíamos dejar que decayeran los ánimos. Sin nada más que hacer por allí nos dirigimos hacia nuestra zona de nuevo, volviendo a visitar los puestos y ver a más y más gente subir y bajar. Puede parecer aburrido, pero un 85% de la gente que hay allí son personajes cada uno con una movida diferente así que es bastante divertido.

Tras bromear un par de veces con la hora a la que tocaba Reincidentes (lo que luego nos valdría un Zas en toda la boca bastante gordo) e informarles educadamente de que la cerveza tiene más vitaminas que un zumo de naranja, tuvimos una idea.

Resulta que desde el primer día pudimos ver como a unos 50 metros de nosotros unos punkis sacaban de una furgoneta una batería y tenían montado un equipo de sonido, con lo que estuvieron tocando durante casi todo el festival. La curiosidad y la falta de cosas que hacer (no confundir con aburrimiento) nos hizo decidir acercarnos a echarle un vistazo.

Cuando llegamos los punkis no estaban tocando, aunque tenían carteles que ponían si no recuerdo mal “La Terror Band”. Por suerte o por desgracia, en ese mismo momento no estaban tocando y había un hombre de entre 20 y 1200 años pinchando en el equipo, y digo entre 20 y 1200 porque con gente tan colgada y degradada nunca puede uno acertar con la edad.

Sin embargo, no pudimos dudar de su simpatía. Antes de darnos cuenta ya teníamos una cerveza en la mano cortesía del que posiblemente pueda ser el tío más alucinantemente colgado que he podido conocer en mi vida.

Nos encontrábamos ante un hombrecillo a pecho descubierto tostado por el sol y lleno de tatuajes. Uno de ellos era una cicatriz el corazón que le acompañaban cuatro nombres  de personas que supongo que serían familias. Sinceramente no puedo recordar mucho más… teníamos que haberle echado una foto… era absolutamente impresionante.

Pero su aspecto no fue lo que más nos impresionó. Su saludo fue uno de los lemas que nos quedó más clavados este año: “Tíos, somos cultura”. A lo que continuaron las presentaciones, bastante inútiles por cierto, pues a mí me llamaba Petan y dudo que se hubiera enterado de mucho más. Nuestra visita terminó cuando le dio la mano a uno de nosotros (no recuerdo a quien) y la golpeaba contra su pecho diciendo “Está duro, eh? Está duro”.

Antes de irnos con aquel chute de surrealismo y degeneración pude echar un vistazo a unas chicas que habían tenido la genial idea de acampar al lado de esta gente y tenían cara de estar pasándolo realmente bien. Intentaré reflejarlo con un emoticono DX. La X son los ojos entrecerrados y la D su cara de tristeza porque antes estaba hablando con ironía, ya sabéis y tal y… ¡¡NUNCA FUI BUENO CON LOS EMOTICONOS JODER YA!!

Regresamos a nuestro campamento base y fue cuando nos dimos cuenta que Vane aún no había llegado. Un rato después recibimos un mensaje suyo diciendo que se había duchado, pero nada más.

En lo que esperábamos para comer y tal, me enteré de una triste noticia: Jeff Hanneman, el guitarrista de Slayer, había muerto. Así que decidí darle un pequeño homenaje tocando el trozo que me sé del Reign in Blood con la española. Luego me di cuenta que no sería el único que lo haría y que más de un Reign in Blood se escucharían durante los conciertos, lo cual me alegró un poco.



Nos dimos cuenta que esperar a Vane iba a ser un poco inútil así que decidimos empezar a hacer la comida: Macarrones con tomate, para variar, esta vez ya controlando un poco más la potencia del camping gas (el día anterior tardo en cocer casi una hora).

Tras hincharnos a comer macarrones de nuevo y abrirnos la cerveza de después de comer pudimos ver como Vane a parecía a lo lejos. Sinceramente esperábamos que apareciera al día siguiente o el año que viene tras quedarse enganchada en alguna rave pegada a un altavoz.

Su historia no tiene desperdicio: Nos contó que en un principio se había puesto a la cola del camping, pero un rato después decidió que aquello no tenía mucho futuro, así que decidió que podría probar suerte en aquella casa en la calle principal que te dejaba ducharte por 5 euros.

Por desgracia, aunque había poca cola visible, mucha gente, por lo que entendí, tenía hora reservada y toda la pesca. Sin embargo, Vane, ni corta ni perezosa decidió probar suerte por las callejuelas de Villarrobledo de tal forma que tras mucho caminar (llegó a las vías del tren que estaban lo más lejos posible de nuestra zona) logró encontrar a una mujercita a la que preguntó si podría usar su baño. La mujer le dijo que no, pero su hija sí con la condición de que sólo se lo dijera a chicas de confianza.

Por lo visto fue aquí cuando nos avisó al móvil, pero ahí no acaba la cosa. Se fue a inspeccionar las raves de alrededor llegando, incomprensiblemente hasta el Mercadona. Sí, ese que estaba tan lejos de la segunda parte. Después comió un plato de macarrones en uno de los puestos y regresó al camping. Todo esto ella solita…

En fin, los conciertos se acercaban y había que ir a ver a malos vicios, grupo al que yo no conocía pero sí mis compañeros y, como no tenía mucho más que hacer fui con ellos.



Como digo, no puedo hablar mucho de ellos pues no los conocía y mi meta aquel día era ver a los Vita Imanna un grupo de metal de Madrid que conocí en el Sonisphere y me parecieron brutales. De hecho fue el grupo que más me había arrastrado a ir al Viña Rock.

Después de Malos Vicios nos dirigimos al camping, hoy iba a ser un día largo y lo sabíamos. En menos de una hora teníamos Disidencia, Trashtucada o Vita Imana en mi caso y… creo que esto ya lo he puesto en la parte 2… en fin, continúo.

Si digo la verdad creo que fue uno de estos momentos en los que no hicimos demasiado, o al menos no lo recuerdo así que supongo que sería básicamente hablar sobre cerveza, zumo de naranja, la hora a la que tocaba Reincidentes, baños de subnormales con terraza, etc.

Volvimos a la carga con Disidencia, que nos esperaba con una sorpresa y tuvimos que tragarnos muchas de nuestras bromas. Resulta que tenían un invitado y no podía ser otro que Fernando de Reincidentes que estuvo tocando con ellos.


Tras terminar Disidencia era hora de ir a ver a los grandes: Vita Imana, lo cual me costó separarme del grupo (era al único que le iban estos temas). El resto fue a ver a Trashtucada… creo, tampoco me importaba demasiado, la emoción me recorría el cuerpo.

Vale, no me sabía sus canciones, tampoco he sido nunca muy bueno para ello, pero había visto lo bestias que eran el año pasado en el Sonisphere y estaba deseando empezar el concierto.

No había hecho más que empezar y el doble bombo unido a los timbales ya me habían cautivado. La gente empezaba a moverse y me di cuenta al instante que aquello no era un pogo punki, aquello era una auténtica batalla campal. Cierto era que la gente no iba a dar por dar pero estamos hablando de tíos de una envergadura considerable capaces de llevarse un toro por delante.

Puedo decir que estuve a punto de morir varias veces por asfixia, aplastamiento, casi me parten por la mitad, una vez me tiraron al suelo y menos mal que me cogieron entre tres para volver a meterme en el caos… otra vez y en lo que se supone que era un momento tranquilo un tío dejo caer su brazo mientras caía de un salto sobre mi codo y casi me arranca el brazo entero… para muchos puede parecer un infierno y de hecho lo sería si no tuviéramos a tan grandes músicos como los que teníamos delante con los que el cuerpo no te permitía hacer otra cosa que hacer el bestia.

Pude fijarme que había una chica de unos 18-19 años que tuvo los ovarios de meterse al mogollón y a pesar de su poca envergadura aguantaba los golpes como el que más. Bravo por ti, chica, ojala pudieras leer esto.
Aún resuena en mi cabeza el “nuestros hijos nacerán con las manos sumergidas en el fango” de la canción Romper con Todo y la imagen del tipo que, en una lavadora, decidió que era gracioso ir en sentido contrario al resto o las múltiples veces que separaron al público en dos bandos para terminar estrellándonos todos. Sí, ya va siendo muy típico, pero lamentaré el día que no pueda hacerlo.

He de decir que fueron los primeros en decir unas palabras en honor de Jeff Hanneman aunque no hubo Reingn in Blood, lástima.



Hubo un momento en el concierto en el que todos nos agachamos y había una cámara o no sé qué porque no pude llegar a verlo, pero el momento fue brutal porque nos levantamos todos de golpe, todos temiendo por nuestras vidas y todos tocando con los dedos el cielo.

El grupo se despidió de nosotros con una típica foto y lanzando púas, baquetas y botellas de agua muy típico, sí, pero emotivo también.


Después de esto tocaba reunirse con la gente pues empezaba SA, meta que resultó imposible, pues en cuestión de segundos el recinto se llenó de gente y yo estaba reventadísmo del concierto anterior así que decidí, en contra de mis intenciones, que iba a ser mejor ver el concierto sentado en la zona de arbolitos acompañado de un litro de cerveza y dolores en todo el cuerpo.

Aun así fui incapaz de quedarme sentado, pues a mitad del concierto dijeron unas palabras en honor a Jeff Hanneman y esta vez sí hubo un Reingn in Blood o al menos sólo un cacho, pero fue suficiente para levantarme de mi letargo y unirme al concierto.



Así que me dirigí a la zona moderada del recinto, que viene siendo la pantalla gigante del medio donde pude disfrutar del concierto sin tener la tentación de meterme en un pogo del que podría no salir.

Me esperaba que la gente se pusiera de rodillas en el “Cuando Nada Vale nada” pero no ocurrió, causándome una pequeña decepción que apenas podía asimilar con el cansancio.

Debido a este cansancio decidí sacrificar Narco para poder ver al Drogas que tocaba a eso de las 12 de la noche, dejándome una hora y media de descanso, así que me encaminé hacia el campamento.

Pude comprobar cómo la valla había caído una vez más, esta vez definitivamente. Supongo que no puedes vencer al sentido común y menos si está acompañado de 61000 viñarrockeros.

Cuando llegué al camping me encontré la sorpresa de encontrar a parte del grupo allí. Parecía ser que todos habíamos pensado lo mismo, aún quedaban muchos conciertos y había que recuperar fuerzas.

Empecé a contarles cómo los había estado buscando un rato, pero que con tanta gente me fue imposible encontrarlos y que me había ido donde la pantalla grande. Fue entonces cuando me dijeron que ellos también habían estado por allí y por lo visto por la misma zona. Espero que esto sirva como ejemplo para los lectores para imaginarse la cantidad de gente que había.

Entonces llegamos a un punto clave del festival y es que fue la experiencia más surrealista que tuvimos. En un momento sucedieron una serie de cosas que nos dejaron atónitos a todos.

La primera fue un hombre que intentaba llegar a su tienda, pero no utilizaba un método demasiado eficaz, pues se dedicaba a dar un paso para adelante y otros dos para atrás.

La segunda no la pude ver porque estaba de espaldas. Aviso que puede herir la sensibilidad de algunos, los que tengan el estómago frágil que no lo lean y pasen al siguiente párrafo. Resultó de un hombre que se acercó a su tienda y se desnudó completamente. Entonces salió la que suponemos que sería su novia y empezó a limpiarlo con una toallita por todo el cuerpo… tampoco demasiado eficazmente, pues le limpiaba el ojete y después le refregaba la espalda y… bueno… no quisimos saber mucho más. El hombre tenía el valor de olerse la mano…

En fin, la última la viví en primer plano. Tenía hambre, obviamente no había visto al hombre este… así que me fui hasta el coche a coger unos ganchitos cuando mientras abro la puerta, aparece una vecina y se pone a mear delante de mí y cuando vio a mis compañeros reírse se dio cuenta de que yo estaba detrás cogiendo ganchitos. La expresión de la chica fue: “¡Hala! ¡Qué vergüenza! Que me ha visto el culo un señor”. ¿A quién llama usted señor, señorita?

En fin, justo después apareció el resto del grupo que tras contarles lo que acababa de pasar nos dijeron que habían estado delante, pero que decidieron volver para atrás y quedarse, cómo no, en la pantalla gigante.
Y sí, todos estábamos al lado pero no nos vimos ninguno.

Tras comer los ganchitos, que estaban buenísimos y contaron con la aceptación de todo el grupo, nos fuimos hasta el recinto para ver al Drogas. Esta vez, ya descansados nos fuimos hasta delante para poder disfrutarlo en condiciones, y la verdad fue un concierto cojonudo.

No soy un grandísimo fan de Barricada, pero me alegré de que la mayoría del concierto fuera con canciones de Barricada, más que nada porque las suyas sí que no me las sé.

Como digo, un concierto brutal, que desgraciadamente se me hizo demasiado corto y antes de darme cuenta había terminado. Estoy seguro que algún mejor fan de Barricada os lo podría describir mejor, pero no es mi caso.

Con esto, era la hora de ver a uno de mis grupos favoritos en mi infancia WarCry. La verdad es que los he perdido bastante de vista después de que sacaran el quinto disco, pues con el tiempo he ido evolucionando a un tipo de música más dura llegando a parecerme este grupo un poco, con perdón de sus fans y con palabras de mi colega Peralo, “Canciones bonitas para niñas contentas que están solitas”.


Aun así, esperaba que dieran un buen espectáculo y me llevaran de vuelta a mis raíces. Pero en mi opinión fue un fiasco de concierto. Tocaron muchas canciones nuevas que no tienen ni la mitad de fuerza que muchas de las antiguas y faltaron canciones claves como Tú Mismo, o El Trono del Metal o… cualquiera que no fueran las que tocaron.

El mejor momento fue quizás el homenaje a Jeff Hanneman donde volvieron a tocar el mismo cacho de Reingn in Blood de nuevo cortándome cuando más me había emocionado. Mi teoría se reafirmaba de que WarCry ha terminado siendo un heavy edulcorado para aquellos que no pueden con algo un poco más amargo, pues sólo nos emocionamos unos cuantos al oír esa pequeña muestra de Slayer.

Decepcionado y maldiciéndome a mí mismo por haberme dejado llevar por la nostalgia y no haber ido a ver a los Toy Dolls que tocaban al mismo tiempo me dirigí hacia el punto de encuentro donde vi a Popy y Javi tan derrotados como yo.

Ellos querían ver a Segismundo Toxicómano y de hecho nos quedamos un rato hasta que decidimos que era mejor descansar para luego ir a ver a la cover de Extremoduro.
Mientras ellos pedían un redbull de frutas del bosque en vaso de litro para luego echarse una copa, yo aproveché para pedirme un bocata que le sentó genial a mi dolorida garganta que había competido antes con Víctor de WarCry en agudos.

Entonces volvimos de nuevo al campamento y pudimos observar que algunos de los nuestros se habían acostado ya y hacía un frío de cojones, así que enganchamos sacos y toallas y nos fuimos a un lugar apartado a echar una cerveza yo y una copa ellos comenzando, con Segismundo primero y luego Talco después de fondo, una de las conversaciones más absurdas de la historia de la humanidad.

Una conversación sobre Satán y sobre cuántos hijos primogénitos le debía por haberme hecho unos cuantos favores, sobre si le puedes hacer un favor a Satán, que es que no, porque es como si hay un tío que tiene un blog que lo hace perfecto y le dices “Eh, tío toma una entrada mediocre para tu blog”. Pues no, no tiene sentido, porque él lo hace perfecto y tú la estas cagando. Entonces surgió que podías hacerle un favor cargándote a alguien malo para que vaya al infierno. Pero tampoco, porque si te cargas a alguien malo, este sería una víctima y sería bueno e iría al cielo. Y que eso dónde estaba escrito. Y que si te has leído la biblia. Y que sí, que tres veces. Y que si te la has leído en latín. Y que si en latín la empecé pero al final lo dejé porque era un rollo.

Y entonces nos dimos cuenta que había alguien en la tienda de al lado que debía de estar flipando ahora mismo tratando de averiguar qué mierda nos habíamos metido.

También nos dimos cuenta del frío que hacía, así que nos fuimos a la mansión de Javi que cabíamos los 3 y un Tiranosaurio Rex si hiciera falta. Y allí continuamos nuestra bonita conversación hasta que llegó la hora de ver a Iros Todos A Tomar por Culo, la cover de Extremoduro.

He de decir, que la única cover que vi el año pasado fue la de Metallica que actuaba el primer día y lo pude coger con fuerza. También hay que tener en cuenta que hacía un frío de cojones y llovía y estábamos en el camping, lo que suponía un bonito paseo entre medias. Por lo tanto, el año pasado me perdí la otra cover de Extremo: De Acero, los cuales sinceramente espero que fueran mejores que estos.

Ante nosotros teníamos a una versión gorda de Robe, demasiado lejos como para fijarse en sus caras, pero intentaba que su voz y su acento fueran los mismos. Aparte de eso… bueno, los guitarras se inventaban los solos cuando éstos no les salían y de vez en cuando se les iba el ritmo. Durante la de Deltoya pude observar que iban más lento y como muy descuadrado el ritmo y aunque valoro el hecho de que intentaran reproducir el momento Tarara de la gira 2002, no estuvo demasiado currado y terminó siendo bastante decepcionante. En Tu Corazón, en el tramo final intentaron hacer un par de florituras que hacían que se perdieran de ritmo un par de veces. A pesar de todo, debo agradecerles una cosa y es que no acabaran con Ama… todos los que tienen o hemos tenido un grupo lo hemos hecho y… buff, no es original ni la primera vez. Estos tíos terminaron con Puta… o una versión propia de la misma, porque al llegar al solo el guitarra hizo un free style ahí que no estuvo demasiado bien. Eso sí, terminaron con el Rockin’ all over the world, pero bueno, algo es algo. Debo elogiarles sin embargo por la canción de Jesucristo García la cual hicieron una versión bastante apurada de la del disco de Iros Todos a Tomar por Culo, haciendo honor a su nombre, lo cual era una de mis intenciones cuando estaba en El Zulo, pero nunca fuimos capaces de ponernos de acuerdo.
A pesar de todo esto, Extremo es Extremo y da igual lo cutre que lo toques, todo el mundo se sabe las canciones, provocando que el concierto estuviera hasta las trancas de gente, más que muchos otros conciertos bastante más importantes. También hay que decir que era esto, las raves o dormir, así que tampoco quedaba mucha alternativa.

El caso es que lo pasamos de putísima madre aunque fuera a base de pogos desfogados por el cansancio o cantando la estrofa olvidada del poema de Ama original, terminando yéndonos a la tienda a las 6 de la mañana, sorprendiéndonos de encontrarnos a Vane dormida y no en las raves y con su hermano Javi, planteándose seriamente si irse a las raves o dormir, eligiendo esta última opción.

Pero el día no podía acabar así tal cual. ¿Os acordáis de la chica que decía: “Me ha visto el culo un señor”? Pues ya dentro de la tienda oímos como se disponía, esta vez acompañada de una amiga a repetir la jugada de mear al lado del coche. Entonces le dije a Popy que abriera el coche desde la tienda, que unido a la mierda que llevaban encima les dio un susto de muerte, para terminar preguntando si ese coche era de alguien. A lo que les respondí que era mío y que yo era Dios… Quiero pensar que eso bastó para que no mearan… quiero pensarlo.

Y con esto terminó el día más largo del Viña Rock y el que pensábamos que iba a haber sido el mejor… Nos equivocábamos… Aún no habíamos sacado la sidra.

Continuará con Parte 4: Lo Llaman Democracia y No Lo Es.

PD1: Todo el material fotográfico y de vídeo no me pertenece, así que si eres el autor y lo ves en mi blog y te molesta, si quieres que lo retire así lo haré, pero aviso que lo hago sólo con carácter divulgativo y, por supuesto, sin cobrar un solo duro.

PD2: El vídeo que voy a poner ahora no tiene nada que ver con nosotros, pero lo vi esta tarde y me gustó. Lo dejo como recompensa para aquellos valientes o insensatos que se hayan atrevido a llegar hasta aquí:



Salud y R&R.

lunes, 6 de mayo de 2013

Relatos Efímeros de un Viña Rock. Parte 2: El Mercadona Sucumbe.


Bueno, ha pasado un día ya entre rutina y civilización desde que llegué del Viña y la emoción no es la misma. De hecho, creo que estoy sufriendo un síndrome postvacacional brutal y estoy viendo que me va a costar bastante volver de nuevo a la vida de siempre sin pasar por unas cuantas depresiones.

Pero no pasa nada, los recuerdos son míos y sólo el alzhéimer y la cerveza podrán arrebatármelos; y como me he comprometido a relatar mi experiencia me dispongo a contar lo que supuso el segundo día de esta grandísima experiencia.

En primer lugar, dar mi pésame a la familia y amigos del chaval de 25 años que murió el último día en el festival por una parada cardiorrespiratoria, si no me he informado mal, durante el concierto de Ska-P. Espero que al menos muriera feliz.

Y a lo que iba. Comienza el segundo día, a jueves 2 de mayo, con un desayuno a base de jamón y tomate y, por qué no, alguna que otra cerveza. El sol empezaba a pegar fuerte y las nubes quedaban lejos en el horizonte. Lo cierto es que no era el día más fuerte en cuanto a grupos, pero era el primero y el sólo hecho de que se abrieran las puertas del recinto ya era suficiente para emocionarme.

Ante los fuertes rayos del sol nos pudimos dar cuenta de que la noche anterior había sido más larga de lo que habíamos podido planear y se cobraba factura de nuestros cuerpos, pero nada que no pudiéramos superar con un poco de fuerza de voluntad y un buen remojón de cara.



Cuando por fin conseguimos quitarnos las legañas nos pudimos percatar que nuestras reservas de comida no eran precisamente excesivas a no ser que esperáramos alimentarnos a base de patatas fritas y ganchitos lo cual no sonaba como una mala alternativa. Sin embargo, a pesar de nuestro cansancio y por hacer pasar el tiempo hasta las horas interesantes decidimos ir a visitar las zonas del camping por echar un vistazo a los 61.000 viñarroqueros que éramos y de paso ya pasarnos por el Mercadona a conseguir provisiones.

La primera parte de nuestra misión la conseguimos bastante rápido, pues en cuanto salimos de la zona del parking y nos encontramos de cara con los puestos de mercadillo, la gente subiendo y bajando por la calle principal, puestos en las casas donde te dejaban ducharte, te daban café o cerveza, puestos de comida y, por supuesto, un mar infinito de tiendas de campaña y de gente. Tuve la oportunidad, además de poder observar mi sitio del año pasado que, gracias al estar al lado de una regadera y la genialidad del señor Peralo de coger un zacho pequeño para hacer una canalización, no tuvimos que dormir en un lago de barro.

Nostalgia aparte nos dispusimos a coger provisiones inocentes de nosotros sin saber la que se nos venía encima. Además, llegados a este punto debo aclarar una cosa. Villarrobledo es un pueblo muy grande, pero sigue siendo un pueblo y además es siempre igual. Me recuerda a los videojuegos antiguos donde los escenarios eran siempre el mismo cruce y lo copiaban y pegaban una y mil veces haciéndolo enorme, monótono y un auténtico laberinto.

Por otro lado, yo el año pasado sí que hice varias expediciones al mercadona, pero dado la naturaleza monótona del pueblo, dichas excursiones eran básicamente tirar para adelante y rezar para poder encontrarme con algo conocido que me llevara al mercadona.

Por alguna razón, y no entiendo muy bien por qué, debo inspirar cierta confianza o algo, la gente confió en mí para que, repitiendo mis experiencias pasadas los guiara hasta el mercadona, a pesar de que les informé de que yo estaba tan perdido o más que ellos.

Por suerte no era difícil encontrar el camino correcto, pues, como preludio de lo que nos esperaba más adelante, un río de gente fluía en dirección hacia el supermercado, ansiosos por conseguir comida y bebida que, en un alarde de inteligencia para poder ahorrar peso y espacio en el coche habíamos decidido comprar en el lugar.

El río nos arrastraba hacia nuestro destino seguro, sin embargo, eso no evitaba el largo camino que supone llegar hasta allí pues, tal como dije antes, Villarrobledo es un pueblo muy muy grande y el sol y el cansancio del día anterior no ayudaban demasiado. Sin embargo, y en contra de toda posible predicción llegamos sanos y salvos al querido supermercado.

Todo estaba resuelto, tan sólo debíamos coger varios paquetes de macarrones, un poco de cerveza y algo de fruta, era una sencilla tarea que no nos hubiera costado nada de no ser por la que se nos venía encima.
Obviamente el sol no nos había permitido deducir la evidencia. Un montón de gente se dirigía hacia el mercadona. Un montón de gente en busca de comida y bebida. Un montón de gente que si no había allí 10000 personas no había ninguna.

Parecía que algún grupo se hubiera adelantado y hubiera decidido empezar a tocar en el mercadona pues nos encontramos a la entrada un mogollón de gente y un segurata dando voces con la cara más roja que un tomate muy muy rojo diciéndonos que se había superado el aforo del local y que debíamos esperar a que saliera gente por eso de tener que respirar y tal.

Y el hombre no exageraba. Las colas de las cajas se extendían hasta el horizonte y la gente, armada con cajas de las de los palés, intentaba apropiarse de lo que podían, pues la libertad de movimiento y visión eran nulas. Ante este panorama decidimos dividirnos y trabajar en equipo: unos se dedicarían a hacer cola mientras otros, en los que me incluía iríamos a coger las cosas.

Al cabo de 10 minutos y tras no poder encontrar unos míseros macarrones decidimos que estábamos tratando de hacer un imposible y que íbamos a tardar menos buscando algún otro sitio.

Cuando logramos salir, que no fue tarea fácil, nos pusimos en contacto con el otro grupo y cuando por fin nos reunimos, nos enteramos de la otra parte de la historia. Ellos habían seguido desde el inicio de la caja para poder encontrar el final de la cola hasta que se dieron cuenta que ya no había cola, pues todas las colas se juntaban en una masa informe de gente esperando a ser atendida.

En definitiva, una pesadilla bastante surrealista digna de mencionar. Por suerte, esto no fue el fin del mundo, pues pude recordar una pequeña tienda de ultramarinos que se encontraba en el centro al que pudimos llegar gracias a la ayuda de unas mujeres indígenas a las que les agradecemos de todo corazón el poder haber comido y bebido esos días.

La tienda en cuestión se llamaba “La tienda de correos” porque, como podéis imaginar, Correos estaba al lado. De la tiendecita puedo decir que el dueño estaba totalmente hiperactivo y cobrando a una velocidad de vértigo a la masa de viñarrockeros greñudos que habían invadido su tienda en defecto del mercadona, viñarrockeros que pedían whisky antes que la carne picada. Por otro lado, la decepción se apoderó de mí por otra parte ya que ni tenían caldito ni pillamos la cuchara que sopla sola de pastas gallo, un grandísimo fallo. ¿Era necesaria? Vale, no. Pero, ¿acaso no es el sueño de cualquier hombre que se la soplen? La sopa digo. (Ba dum tssss).

En fin, continúo que con tantas historias se me va la pinza y al final me da que no llego ni a los conciertos que es al fin y al cabo a lo que íbamos desde el principio.
La vuelta hacia la tienda fue más sencilla gracias a que ahora seguíamos a Belloso en vez de a mí, el cual, menos mal, tiene un sentido de orientación mucho mejor que el mío y llegamos pronto a la zona donde habíamos acampado.

Debo acordarme de dar las gracias a los vecinos, los cuales tenían una bandera republicana alzada a lo alto que nos sirvió de referencia para ubicarnos más allá de: “Quedamos en la quechua verde”.


Y por fin pudimos comer y con esto llegó la modorra y varios intentos de dormir en tiendas-horno y algunos con más suerte y gracias al fruto de su trabajo en una furgoneta con cama y aisladas térmicamente. Esto hasta que llegaron los últimos a los que esperábamos, unos amigos que no se decidieron a venir hasta última hora y encima deciden venir el jueves en vez del miércoles, perdiéndose el día anterior.

Sin embargo, tras que consiguieran llegar, pues se perdieron entre las calles infernales de Villarrobledo, supuso un soplo de aire fresco a nuestra modorra y empezamos a animarnos.

La hora de los conciertos se acercaba, ya estábamos todos y tras unas cuantas bromas sobre la hora en que tocaba Reincidentes (grupo que precisamente no estaba en el cartel) nos dirigimos hacia allá encontrándonos que afortunadamente habían abierto la valla que nos separaba de nuestro destino evitándonos dar una vuelta kilométrica.

Pronto nos dimos cuenta que la seguridad de la entrada se había incrementado desde el año pasado, llegando a registros abusivos y estrictas normas de entrada que terminaban reduciéndose nada más que al alcohol pues, como pudimos ver más adelante, la gente llegó a encender bengalas en el concierto de Ska-P, por supuesto bastante más peligroso que la lata de cerveza que estas a punto de terminarte. Las más afectadas en este caso fueron las chicas, que contábamos con dos en nuestro grupo, a las que por lo visto registraron muy muy a fondo, si podéis entenderme.


Quitando todo esto, pudimos celebrar la bajada de 6 a 5 euros de los litros de cerveza, como no, comprando y bebiendo cerveza, calentando para los conciertos que nos quedaban por delante.
Llegamos con Riot Propaganda, o la unión de Los Chikos del Maíz y los Habeas Corpus, y me pude acordar de mis colegas que me acompañaron el año pasado que son grandes fans suyos. He de decir, que aunque no me va demasiado el rollo hip-hop y, aunque al juntarse con Habeas Corpus le daban un toque de rock, me dejaron un buen sabor de boca aunque al final quizás resultaran un poco monótonos para mi gusto. Resaltar el “Bailaré Sobre tu Tumba” de Siniestro Total que tocaron en honor de Margaret Tathcher con el que todo el mundo se revolucionó.

Pudimos ver a otros grupos como Hora Zulú, El Canijo de Jerez el cual tocó unas cuantas de esas canciones del disco rayado de Los Delincuentes que el señor Iván me lleva poniendo durante años cuando voy en su coche y entre medias tuvimos un tiempo para pasarnos por las tiendas y coger fuerzas para los que llevábamos esperando todo el día: Boikot.


¿Qué decir de un concierto de Boikot? Es Boikot. Las mismas canciones de siempre que no te cansas de cantar y menos de bailar en sus conciertos. Tres de nosotros decidimos que merecía la pena aventurarse a meterse en el meollo de la parte delantera aún a riesgo de no salir vivos de allí. Sin embargo nos dimos cuenta de que no había mucho que hacer. El pogo era tan enorme que apenas cabía un alfiler y nadie podía empujar, por lo que terminó siendo una marea de gente moviéndose aleatoriamente.

Aun así he de decir que hubo alguna vez que temí por mi vida por tener que atarme las zapatillas, pues unos cordones desatados sí que podían producir la muerte en aquel momento.

Cuando el concierto terminó conseguimos, milagrosamente encontrarnos los tres e intentar salir de aquella batalla campal, magullados por todas partes, sí, pero felices, cansados y felices.

Esa era la sensación que buscaba. El caos y la adrenalina recorrían mis venas, los pies me dolían de saltar, las costillas de recibir empujones y algún que otro codazo, los codos de una vez que caí al suelo (recogiéndome entre tres personas casi instantáneamente)… caos y libertad… felicidad.

Por lo demás, tocaba La Pegatina, un grupo que conocí el año pasado, muy muy verbenero, pero que está de moda y la gente entra al juego poniéndose pegatinas en la cara y bailando canciones de manolo escobar a un pseudoritmo de ska.

Había sido un día largo y al día siguiente nos esperaba uno más largo aún, así que viendo el panorama decidimos que lo mejor que podíamos hacer era clausurar el día con una rica cerveza y dormir.
Al día siguiente nos esperaban grandes grupos: Malos Vicios, Disidencia, Trashtucada para algunos, Vita Imana para otros, Segismundo Toxicómano, Toteking para algunos, WarCry para otros y la banda cover de Extremo: Iros Todos a Tomar Por Culo.

Y esto nos animó a acostarnos pronto para mañana poder coger el día con energía y ganas. Como ahora mismo, que según escribo las líneas se me cierran los ojos, pues aún me dura el cansancio del festival y la rutina me parece de lo más insoportable así que hay que dormir bien.

Continuará con la Parte 3: Somos Cultura.

domingo, 5 de mayo de 2013

Relatos Efímeros de un Viña Rock. Parte 1: Rompiendo las cadenas.


Escribo estas líneas mientras aún me duelen los pies, tengo la piel quemada por el sol, las piernas con poca sensibilidad, la voz desgarrada y un cansancio que me pide una semana o dos de reposo total.
Vuelvo, de nuevo, de lo que ha sido una de las experiencias más inolvidables de mi vida, y es que puedo decir que puedo decir que cargo con otro Viña Rock a las espaldas y espero que no sea el último.
Escribo rápido y quizás incoherentemente por el hecho de que me llena la emoción y antes de estamparme contra el muro de la realidad me gustaría terminar esta entrada e intentar transmitir lo que siento a todo aquél que lo lea.

La aventura comienza con el señor Popy al volante y yo camino a Villarrobledo, con unas cuantas horitas de viaje por delante y el coche lleno de aparatejos de camping, comida y mucha ilusión.

Tras un caluroso viaje y ya con ganas de coger una lata de cerveza fresquita de las que llevábamos atrás en la nevera, llegamos por fin a nuestro destino y pudimos atisbar lo que nos esperaba al frente. Una fila de coches y furgonetas infinita tan hasta las trancas como el nuestro a lo largo de la avenida que rodea el festival se nos aparecía ante nosotros diciéndonos que íbamos a tener que pasar un rato más en el coche.



A diferencia del año anterior, en el cual tuve que llegar en tren, con mochilas cargadas de toda la comida de todos los días y sólo con nuestras tiendas de campaña ante una serie de jornadas de lluvia ininterrumpida, este año no sólo contábamos con el coche, camping gas y nevera, sino que además estábamos a punto de reunirnos con los grandísimos organizadores de lo mejorcito que hay en esta triste ciudad de Béjar, el Abejarrock (ahí tenéis más información sobre el evento en cuestión: http://festivalabejarock.blogspot.com.es/) los cuales, más experimentados que nosotros en  estos temas habían traído lo que considero el sueño de cualquier hombre: una furgoneta (ahora quiero tener una más que nunca).

Todo parecía perfecto, añadiendo el tiempo tan bueno que tuvimos todos estos días, pero aún hay más pues nos encontrábamos en lo que podía ser el mejor sitio para acampar: al lado de los conciertos, separados por una alambrada que, como era previsible, no tardó en caer y, por más que los señores importantes del festival intentaron mantenerla cerrada una y otra vez, esta se doblegaba ante el sentido común de ¡NO ME SALE DE LOS HUEVOS DAR UNA VUELTA DE 500 METROS PARA LLEGAR A UN SITIO QUE ESTÁ DELANTE DE MÍ!.

Bueno, continúo aunque debo avisar que en el mismo momento en que mi quechua verde tocó el suelo el paso del tiempo empezó a ser difuso. El primer día se nos ponía por delante y podíamos saborear el ambiente. La libertad corría por nuestras venas y sabíamos que las leyes y las normas tenían poco que opinar en aquél momento, los convencionalismos sucumbían ante la diversidad y la locura. La música comenzaba a sonar en los alrededores (causando que en un futuro no demasiado lejano muchos coches tuvieran que arrancar con pinzas el día de la partida), la cerveza a salir de las neveras, el acto introductorio comenzaba y esto nos llevaba a terrenos del camping (pues nosotros nos encontrábamos en el parking donde supuestamente no se podía acampar), donde los señores de Red Bull habían montado un bus-escenario donde tocarían varios grupos de carácter bailongo para ir calentando el ambiente, algo innecesario para nosotros que arrancábamos con energía aquél día.

No puedo contar mucho de aquellos conciertos, pues no les presté demasiada atención ya que no es precisamente un género que me agrade demasiado. He de nombrar, sin embargo a Tomasito, personaje que nos serviría para futuros chascarrillos, ya que, a parte de ser bastante ridículo por sí mismo en mi opinión, uno de nosotros tuvo la genialísima idea de quedarnos a verlo, que era muy bueno y muy conocido y no sé qué más. Y dicho esto, en cuanto empezó el concierto, dicha persona desapareció y no dejándonos al señor este como música de fondo en nuestra conversación regada de cerveza y buena compañía.
He de decir que el hombre, como buen verbenero levantaba a la gente y la hacía bailar, demasiado flojo para mi gusto pero, al fin y al cabo conseguía lo que quería y por eso le respetaba. Todo estaba bien hasta que el señorito tuvo la genialísima idea de tocar, tras haberse quedado en calzoncillos, una versión en flamenquito del gran temazo de AC/DC, Back in Black, canción de luto hacia Bon Scott, antiguo cantante que murió ahogado en su propio vómito como un gran rockero y siempre tendrá mis respetos por la fuerza y el estilo de su voz.



Esta canción desató en mí una furia que no pude contener, ¿CÓMO SE ATREVE A PISOTEAR TAL OBRA? MERECE MORIR DE FORMA DOLOROSA Y RIDÍCULA.
Toda esta situación me hizo odiarle durante el resto del festival.

Y con esto y tras decidir que la cerveza que teníamos en nuestros aposentos era más barata que la que ponían allí, pusimos marcha hacia allí, donde pudimos conocer a nuestros vecinos: Pajarillo y Mantequilla con quien pudimos amenizar la velada a golpe de guitarra española con grandes temas como “Bear Bear” y “Mantequilla, Mantequilla, unta la panceta con mantequilla” consiguiendo que el resto de vecinos, ansiosos por poder descansar para el duro día que nos esperaba a continuación nos odiaran a muerte por el resto del festival.

Y tras percatarnos de lo que podría suponer nuestra muerte durante la noche decidimos que lo mejor sería descansar, pues al día siguiente nos esperaba, aparte de grandes conciertos, una auténtica batalla campal por conseguir provisiones.
Pero eso será en otro momento, pues mi cuerpo, mi mente y mi delicado corasón me piden un descanso de tanta emoción y creo que les daré el gusto.

Continuará con Parte 2: El Mercadona Sucumbe.

sábado, 27 de abril de 2013

Caos, libertad y Rock and Roll


Bienvenido de nuevo, queridos lectores (y con esto incluyo a ambos géneros dado que en este caso tanto el adjetivo como el sustantivo es neutro) a este apasionado blog sobre la vida la filosofía y… a este apasionado blog.

Tengo malas noticias para vosotros y es que estoy emocionado, ansioso, expectante, inquieto y siento informaros, para vuestra desgracia, que me pongo muy pesado cuando visito estos estados de ánimo normalmente extraños para mí.

¿Y por qué tanta emoción?,  os preguntaréis. Pues bien, os informo para aquellos que no lo sepan que se acerca el Viña Rock, más concretamente el próximo miércoles 1 de mayo empieza el susodicho festival, y un servidor tiene su entrada para allá.

Pero, ¿y por esto tanto? Pues sí señoras y señores, caballeros y cabelleras, para esto tanta emoción; pues ir al Viña Rock es mucho más para mí que un simple grupo de conciertos de grupos nacionales, mucho más que una acampada, el Viña Rock significa mucho más para mí.

Muchos no lo entenderán, estoy seguro, más aún si digo que no me va demasiado el estilo de los grupos (el punk no es lo mío precisamente), sobre todo últimamente que se han ido introduciendo otro tipo de grupos más en plan hip-hop o, como llamarlo… pseudoskaperroflautismo?, lo cual es básicamente un puñado de tíos interpretando el papel de perroflauta (con cuatro rastas, pantalones bombachos, etc) con cuatro trompetas y tocando… LOS HUEVOS, porque otra cosa no se puede decir, en fin, los gustos cambian por muy absurdos que sean.

Pero si la música no es, ¿cuál es el origen de tan profunda admiración? Pues bien, ahí va mi explicación. Vivo, como todos, en un mundo con millones y millones de normas (normas de comportamiento, leyes…), un mundo donde debes adaptarte para poder sobrevivir, aceptar lo que se espera de ti e interpretar tu papel. Sí, todos lo hacemos de una manera u otra. Mientras hagamos lo que se espera de nosotros, mientras aceptemos los supuestos convenios de comportamiento, no pasará nada, a nadie le molesta, nadie se queja.
Y esto es medianamente entendible. El ser humano es un ser de costumbres y, por tanto, vive cómodo con un entorno predecible y sencillo donde todo pasa como debería pasar, o al menos como es capaz de imaginarlo nuestra mente.

Sin embargo, unos aceptan mejor que otros  esta situación, y aquí es donde os cuento mi caso y el que creo que es de muchas más personas. El mundo no es estático, la estaticidad la imponemos nosotros y no deja de ser más que una ilusión: no hay que viajar demasiado para encontrarse con otra cultura y otra forma de ver la vida. Los que sabemos esto, los que consideramos que no hay una mejor o peor forma de vivir, sólo formas diferentes vivimos en constante frustración al vernos forzados a vivir en un entorno estático y cerrado donde debemos reprimirnos para sobrevivir.

Es entonces cuando llega el Viña Rock. Y muchos dirán: Oh, un festival de rock. Un montón de perroflautas viviendo entre mierda, drogas y delincuencia. Otros dirán: Oh, el Viña Rock, un festival de vendidos donde no hay lugar para la buena música. Y puede que tengan razón.

Sin embargo, para mí significa salir de ese mundo estático del que hablaba antes para poder encontrar un lugar para ser yo mismo. El año pasado fue mi primer año y, a pesar de las constantes lluvias, pude respirar una gran ola de tranquilidad, buenas intenciones y felicidad. Y quizás muchos digan que exagero y probablemente sea verdad, pero bueno, da igual porque de aquí en 4 días estaré camino a Villarrobledo a disfrutar de nuevo de este ambiente y coger aire para poder sumergirme de nuevo en el triste y gris mundo real.

Este año, aunque no puedo ir con la misma grandísima compañía del año pasado, iré con otro gran hombre con el que compartido largas tardes de ensayo, escenarios y otros grandes momentos, así que promete ser memorable.

Y con esto ya he mostrado mi emoción para con este distinguido evento así que me despido. Si me da por ahí relataré a la vuelta las impresiones de la susodicha experiencia.

Salud y Rock and Roll.

PD: Aun tenemos sitio en el coche por si alguien se quisiera venir, aunque sea al camping.