Buff… Han pasado dos semanas desde que volví del Viña y
siento que este epílogo está fuera de lugar. Escribo estas líneas con pesimismo
y abandono y casi por compromiso conmigo mismo pues estoy seguro que a más de
la mitad de los que estáis leyendo esto no os interesa y al resto os da igual.
Sí, pues para qué mentir, al fin y al cabo este blog es un
poco medio terapia, un sitio donde soltar la escoria que suelta mi cabeza tras
rodar día a día por la misma pista donde ya apenas quedan baches y los que
quedan parecen huir dejando un camino llano y aburrido.
Y diréis “¡Vete a contarle tus mierdas a otro!” pero
primero, estáis leyendo esto porque queréis, nadie os ha obligado y segundo, esto forma parte del
epílogo en sí. Porque, qué puedo hablar de lo que supone haber vivido en plena
libertad sin complejos, sin presiones ni preocupaciones y llegar de nuevo a una
vida monótona y aburrida como es la mía y a punto de empezar los exámenes para
más inri.
He de decir sin embargo que, aunque sale de lo que
acostumbro a escribir, el hecho de narrar mi experiencia en el Viña ha sido
bastante reconfortante, pues después de llegar a casa a las tantas después de
un largo día de clases pensando en los informes de prácticas que tienes que
presentar y en los exámenes que tienes que estudiar, ponerte a relatar todo
esto resultaba para mí una auténtica salida permitiéndome dar pequeñas bocanadas
de aire antes de volver a zambullirme en la rutina.
Doy por ello mil gracias de haber tenido la oportunidad de
vivir tal experiencia, sobre todo a aquellas personas que me acompañaron y me
ayudaron a crear estos grandes recuerdos por los que me jodería mucho tener alzhéimer
en el futuro…
Como ejemplo gráfico de cómo me sentí un día como hoy hace
dos semanas podéis imaginaros que estáis en una montaña rusa brutal y de
repente el carril se mete por un barro muy pegajoso parándose en seco y
continuando el recorrido, esta vez por llano y a velocidad de tortuga y aun
cuando te has acostumbrado por fin a este nuevo y al mismo tiempo viejo ritmo,
todavía puedes mirar atrás y alcanzar a ver aquellos lupins que tanto te han
hecho disfrutar.
Y sabes que no hay nada que hacer más esperar a tener otra
oportunidad y pasar el mal trago lo más cómodo posible como aquel crío que debe
tomarse una medicina maloliente y repugnante y la traga rápido tapándose la
nariz y cerrando los ojos.
Y con esto termino. Una entrada breve espero que
esclarecedora, que cierra definitivamente esta pequeña saga de “Relatos
Efímeros de un Viña Rock” y me obliga a decir definitivamente adiós a lo que
durante estas semanas ha sido uno de los mayores apoyos que he tenido.
Pero no me da pena, pues como decía al principio, este
epílogo parece estar ya fuera de lugar y ya tenía ganas de terminarlo para
poder llenar el blog con unas cuantas tonterías, pues ahora llegan los exámenes
y los exámenes me cabrean y cuando me cabreo me inspiro y cuando me inspiro
pues… salen cosas como reflexiones y riffs de guitarra, cualquier cosa con tal
de distraerme de estudiar por lo visto…
Y sin más me despido que me estoy poniendo bastante pesado.
Salud y
Rock and Roll.
PD: Como dije en entregas anteriores si alguien que estuvo
en el viña quiere contar alguna historia, anécdota o relatar algún concierto
que le gusto o simplemente tocar las narices un rato al populacho, que me pase
su escrito y lo publicaré con gusto a su nombre.
Hola de nuevo gente y perdón por el retraso, esta semana la
he tenido un pelín liada y, de hecho, no debería estar ahora mismo escribiendo,
sino estudiando para el examen que tengo este jueves…
Sin embargo, no puedo dejarlo para más tiempo pues aún me
queda por escribir esta parte, que es la última y el epílogo donde pienso hacer
una pequeña reflexión de todo lo que ha implicado el ir al festival y, sobre
todo, el volver aquí a una vida normal y aburrida, con exámenes, horarios y
gente que no duerme en furgonetas.
He de avisar de que ha pasado más de una semana desde aquél
sábado 4 de Mayo, pero por suerte he de decir que pudo ser el mejor día de
todos, al menos el más gracioso y sorprendente. Espero que os guste y le ruego
a la gente que estuvo conmigo que si me equivoco en algo lo cual es bastante
probable, que me lo digan y lo corregiré.
Y sin más dilación empiezo.
Lo habíamos dejado por lo de habernos acostado a eso de las
6 y media de la mañana acostándonos y tal… bueno, pues la historia de hoy
empieza a las 10 de la mañana a grito de “¡¡Os han meao la tienda!!”.
No puedo
presumir demasiado de mi sueño, pues es ligero y soy fácil de desvelar, así que
ahí estábamos despiertos 3 horas y media después de habernos acostado,
explicando de nuevo que la tienda estaba mojada por el rocío, mientras
gorroneábamos chocolatinas que era lo único que teníamos para desayunar.
Tras un largo periodo de desperezo contando nuestras
aventuras y desventuras del día anterior, de cómo nos habíamos movido y por
tanto lo mucho que habíamos sudado (aviso: esto es sólo una treta narrativa
para introducir la siguiente parte. No lo recuerdo muy bien porque estaba medio
dormido pero apostaría a que no sucedió así exactamente) decidimos que iba a
ser hora de ducharnos.
Rápidamente descartamos las duchas del camping, pues
apostaría a que la cola que podíamos ver era de los que la estaban esperando el
año anterior, así que decidimos dirigirnos a la casa que estaba en la cuesta del
mercadillo que tenía las duchas a 5€ la caliente y a 3€ la fría. Aun así, yo no
descarté el hecho de ducharnos en la gasolinera con la hidrolimpiadora, no
recuerdo la última vez que me di una capa de cera.
Afortunadamente, al lado de la casa esta se encontraba otro
puesto donde ofrecían entre otras cosas cerveza y café. No, no pedimos una cerveza,
nos pedimos un café, pues nos hacía falta una buena dosis de cafeína, y de paso
preguntamos al hombre si había mucha cola para la ducha.
El hombre, muy educado él, nos dijo que la cola para la
ducha era enorme para la caliente, pero si queríamos una ducha fría no teníamos
que esperar cola, lo cual evocó en mi mente la escena de Pulp Fiction donde
duchan a Samuel L. Jackson y John Travolta con una manguera en el jardín de una
casa, sólo que en este caso me imaginaba un patio de cemento… La idea de la
gasolinera iba haciéndose cada vez más sólida.
Por suerte aquello no era suyo, él sólo tenía el puesto
donde habíamos cogido los cafés y nos habló de un amigo suyo que tenía las
duchas de agua caliente a 2.50€ y que además estaba metido entre callejones así
que seguramente no habría mucha cola.
Esa sí nos pareció buena idea, así que gracias a las
indicaciones del amable tendero y a que sus hijos fueron en nuestra búsqueda y
nos guiaron, llegamos a la tierra prometida.
Como nos habían prometido la cola no era demasiado grande,
tan sólo un par de grupos delante de nosotros (las duchas iban en grupos de 2)
y un hombrecillo que estaba sentado al sol con un gorro de lana que... ¿cómo
diablos no acabaría muerto? Hacía muchísimo calor.
Aunque la cola era pequeña, aun tuvimos que esperar un ratejo,
aunque he de decir que, al menos para mí, en esos momentos no me importaba. De
nuevo retomamos la conversación del día anterior hablando de qué habíamos
hecho, sobre todo cuando nos separamos y tal, como por ejemplo el hecho de
tener mi garganta dolorida por haber competido con Victor de WarCry a agudos y
de cómo el café caliente me estaba trayendo de nuevo de vuelta a la vida.
Entonces llegamos a un punto en la conversación en que nos
dimos cuenta de que no teníamos comida. Sí, cierto, a Popy y a mí nos quedaban
unos cuantos macarrones, pero sólo nos daba para los dos y esta vez éramos 5.
Además, no teníamos nada que echarle así que tendríamos que ir a comprar de
nuevo, lo cual me recordó el episodio del mercadona del primer día y mis
todavía doloridos pies del día anterior se quejaban de tener que volver a andar
hasta allí.
Por suerte, recordé que el año anterior llegué a un súper
cerca del camping que nos podría ayudar.
Cuando por fin entramos a la ducha pudimos ver dónde estaba
la trampa. Las duchas eran básicamente dos lonas que contenían dos duchas cada
una, que eran básicamente un terminal de ducha que sale de un tubo, que va a
otro tubo que iba a un calentador. La casa se estaba construyendo así que no
importaba demasiado que se mojara y todo eso.
Sé que puede parecer un poco cutre para la gente que ahora
está leyendo esto en una silla cómoda ante su ordenador, pero en aquellos
momentos todo nos parecía grandioso, es decir, estamos hablando de agua
caliente, caliente de verdad.
Fue magnífico, una ducha tan buena en un momento así, buah.
A mí personalmente me quitó todo el cansancio y me trajo completamente de nuevo
a la vida. El sol ahora era brillante y no una maldita bola de fuego que nos
quemaba a todos, además, pillamos una litrona de Mahou después de tres días a
Steimburg y nos supo a… lo siento, no lo puedo describir con palabras, sólo
diré que se nos quitó inmediatamente el dolor de estómago.
En fin, no era momento de ponerse a soñar, era momento de ir
a comprar tomate, cerveza y caldito, sí, caldito, no me pensaba ir del Viña
Rock sin haber bebido caldo caliente un día.
Decidimos ir a buscar el súper del que había hablado antes y
no lo encontramos, pero encontramos otro de camino así que supongo que estuvo
bien. Por desgracia, como deberíamos de haber previsto, el súper estaba cerca
del camping y, por tanto, estaba vacío.
Quedaba pan blandurrio del cual cogimos dos barras y… poco
más. No tenían carne ni tomate frito, pero lo que si tenían era… ¡¡CALDO!! Sí
señores tenían caldo, además casero, hecho por la abuela de la familia que
llevaba el súper. Veíamos como dos tipos se llevaban una botella de dos litros
con caldo y pude notar como mi dolorida garganta me pedía a gritos que cogiera
caldo para el día siguiente.
Pero el destino tenía otros planes para nosotros. Resultaba
que aquellos tipos malditos habían cogido el último caldo y lo único que
quedaba era dos vasos de plástico de caldo frío…
Decidimos que no iba a ser allí donde consiguiéramos nuestro
elixir de la resurrección mañanera, así que cogimos valor y nos dirigimos hacia
lo que hacía un par de días había resultado un auténtico campo de batalla: el
mercadona.
Por suerte, Petan tenía su coche fuera del recinto del
parking y decidió arriesgarse a perder su sitio para llevarnos en coche hasta
allí, lo cual agradecimos nosotros y nuestros pies.
De paso al coche, pasamos una vez más por objetos perdidos
en busca del móvil de Petan, en vano pues no lo tenían, sin embargo nos dijeron
que en la guardia civil había más móviles y que podríamos pasarnos por allí. Un
ligeramente “amable” policía nos indicó que el cuartel se encontraba cercano al
mercadona lo cual nos pareció un golpe de suerte, siempre y cuando supiéramos llegar
hasta allí…
Así que cogimos el coche, despidiéndonos del buen sitio en
el que estaba y pusimos rumbo hacia… bueno, íbamos al mercadona, pero ni
pudimos entrar por donde habíamos entrado el otro día así que tiramos un poco
por el único sitio que podíamos confiando que de algún modo llegáramos hasta allí,
y cuando estuvimos perdidos, ¿a quién recurrieron? Sí, a mí.
En serio, ¿por qué? Mi sentido de la orientación es nefasto,
soy un hombre de un pueblo pequeño y sencillo, en cuanto me sacas a un sitio más
grande y desconocido me pierdo. Aun así, todos me escuchaban y yo, apoyado por
mi nefasta intuición los pude guiar.
Gracias a esto pudimos llegar sanos y salvos y sin casi
ningún desvío. A esto y a que una mujer nos ayudó, pero no hubiera hecho falta…
creo.
En fin, nos encontrábamos en el mercadona, con un coche, con
un maletero y la masa de la otra vez había desaparecido. Llegué a pensar que
había muerto en algún momento del día anterior y ahora me encontraba en el
cielo viñarrockero donde no hay colas en las duchas y el mercadona siempre está
vacío.
Así que entramos y me dejaron a mí el carro. He decir que no
llevaba gafas en ese momento, así que pude protagonizar mi propia versión de
Mr. Magoo. Por suerte, era el único con problemas de visión y el resto se
encargó de llenar el carro.
Pudimos coger todo lo que necesitábamos, es decir, cerveza y…
y… ¡caldo! ¡Hay que coger caldo! Y… ¿qué más? Fuera de bromas, cogimos comida
que fue… atención redoble… sí, más macarrones, esta vez lisos que eran más
baratos. Puestos a tirar la casa por la ventana cogimos además bacon, salchichas,
el tomate frito, platos, vasos y agua. Casi parecíamos normales.
Ah, fuet, también cogimos fuet, pero por alguna razón se
acabó casi antes de llevarlo al coche.
Después de salir del parking teniendo un montón de problemas
con el tipo que lo vigilaba por no tener el ticket sellado porque se le notaba
en la cara que le importaba mucho y por eso no nos abrió casi al instante con
el mando mágico de su bolsillo, era el momento de volver a las tiendas, pues ya
iba acercándose la hora de comer.
Y aquí nos encontramos con otro problema. Teníamos que dar
la vuelta, pero era dirección prohibida. Si seguíamos adelante nos toparíamos
con el camping, el cual tenía cerrada la carretera y no podíamos ir hacia
arriba porque no podíamos torcer.
La solución, al menos la que estaba en mi cabeza, era bajar
hasta abajo y rodear el pueblo por la carretera gorda hasta entrar por la
avenida gorda hasta la zona de aparcamiento.
Muy bonito en mi cabeza y como nadie me hace caso nunca
menos en el caso en el que me pongo a guiar por una zona desconocida y confusa
pues fuimos camino abajo hasta llegar a un sitio en el que… bueno, no sabíamos
por dónde ir.
A ver, he de decir en mi defensa, que en el plano de
Villarrobledo que te mostraban en la web todo parecía más bonito, con flechas
de colores y señalado con verde la zona de aparcamiento y eso. ¿Quién iba a
pensar que habría rotondas y cruces de por medio?
Así que si ya nos habíamos conocido medio Villarrobledo
buscando el mercadona el jueves, aquel día nos conocimos el otro medio, siempre
bajo la atenta y paternal vigilancia del pajarito de la guardia civil.
De alguna manera, y tras algunas maldiciones hacia mi
persona, logramos encontrar… no, el parking, no, pero sí el cuartel de la
guardia civil, donde aprovechamos para ir a preguntar por el móvil de petan que…
bueno, no pudo reclamar porque por lo visto estaba todo el mundo allí por la
misma razón.
Nos pusimos en camino de nuevo y tras ver por tres veces el
sitio por donde habíamos entrado Popy y yo (lo cual eran diferentes entradas)
por fin llegamos a la gasolinera de BP por donde había entrado Petan y ya
podíamos llegar. Además pudimos ver en nuestro camino que había otro mercadona
por allí, un Día, un Aldi, un Lidl… faltaba un badulaque. Nos dimos cuenta que
habíamos dado un puñado de vueltas cuando teníamos todo eso al lado…
En fin, como bien dice Daenerys, si miramos atrás estamos
perdidos. Así que continuemos con la historia, la cual nos lleva de nuevo a la
zona de aparcamiento donde iríamos a probar suerte a ver si encontrábamos un
hueco para aparcar.
Pero la magia del Viña Rock no nos defraudó, no sólo
encontramos sitio para aparcar, sino que encontramos el mismo sitio que
habíamos abandonado antes al renunciar a él otro conductor, quién sabe por qué.
Cargando con la compra y tras encontrarnos a Vane que venía
de… no recuerdo de dónde, nos fuimos camino de nuevo a nuestra zona con ganas
de enganchar el camping gas y comer.
Llegados a este punto y con principios de tendinitis de
tanto teclear, y sabiendo que no mucha gente llegará hasta aquí, os voy a
contar un secreto por el cual quizás muera o quizás no. Este no es mi primer
blog. Ya lo he dicho, no hay vuelta atrás. Bueno, podría borrarlo y tal, pero
no lo voy a hacer. Mi anterior blog, o mejor dicho el anterior blog en el que
participaba, pues lo llevábamos un grupo de amigos se llamaba El huevete era
pequeño. Aún existe así que dejo el link, por si a alguien le interesa: http://elhueveteerapequenio.blogspot.com.es/
. La gracia del blog era no decir que éramos nosotros quienes escribíamos y
pasarlo por las redes sociales como si hubiera sido un descubrimiento nuestro y
tal. Obviamente, no tuvo demasiado éxito, pero éramos jóvenes y nos aburríamos
mucho.
Volvamos a nuestra historia. Llegamos a nuestra zona y
encontramos al resto del grupo ya comiendo unas tortillas de patata, que nos
dieron a probar y estaba muy buena, la verdad. Popy y yo dejamos que esta vez
fueran Petan, Javi y Vane los que hicieran la comida mientras nosotros
descansábamos como señores a la sombra del toldo de aquella mañana tan movida
tomando una rica cerveza.
He de decir que llegué a desconfiar un poco del resultado de
los macarrones por el hecho de que iban con beicon y salchichas, pero debo reconocer
que estaban buenísimos y si quitamos la obstrucción de las arterias, aquella
comida era la perfecta para darnos la energía necesaria para la tarde que nos
esperaba.
Después de comer hasta no poder aguantar más y de que
nuestros amigos organizadores del Abejarock nos hablaran de sus visitas a
Asturias por dos despedidas de soltero, decidieron sacar dos botellas de sidra
que tenían en la nevera desde hacía un tiempo y, tras comprobar la habilidad de
escanciar de Belloso, me convertí en el conejillo de indias para probar si
estaba o no buena.
No morí así que todos consideramos que estaba buena y que
podíamos seguir bebiendo. Diez minutos después habíamos acabado con las dos
botellas y estábamos sacando cerveza para todos.
Y ahora es el momento de mirar de nuevo los horarios porque
sinceramente ahora sí que no me acuerdo qué grupos íbamos a ver. Me acuerdo de
Porretas, Sepultura y Ska-P, y creo que por ahí andaba Desakato y Bongo
Botrako, y… Barón Rojo a los que no fui a ver porque están muy acabados y me da
mucha pena.
Ah sí, ya recuerdo. Aquél día tocaba Manolo Kabezabolo a las
5 y media y teníamos ganas de ir, pero… estábamos demasiado a gusto allí.
Además, se me soltó la lengua un poco más de la cuenta y empecé a criticar el
Punk diciendo que no me gustaba demasiado (no hagáis esto en un festival de
Punk) porque era muy sencillo y que podía sacar todas las canciones de Punk.
Así que me encontré con Belloso poniéndome canciones de Punk
con el móvil que yo sacaba a duras penas porque sonaba más la guitarra que el
móvil con lo que aunque sacara la canción nadie se lo creía, pero bueno. Fue un
buen rato.
Decidimos que a lo que sí iríamos sería a Desakato, que
tocaba a las 6 y media. Otro grupo al que no conocía y aunque no me impresionó
demasiado terminó gustándome. Quizás fuera porque no parábamos de pedir cerveza
unos y otros con las fichas que teníamos del día anterior o quién sabe.
El caso es que fuimos calentando porque los siguientes eran
Porretas y… lo siento, el Punk no es lo mío, no puedo daros muchos detalles del
concierto aparte de que me lo pasé de puta madre y hubo mucha cerveza de por
medio.
so sí, aunque no tienen que ver mucho con el concierto, he
de destacar varias cosas. Hubo varios momentos mágicos ese día. El primero fue cuando
aparcamos en el mismo sitio que habíamos abandonado. El segundo de aquellos
momentos fue cuando una ignorante pareja pasó a nuestro lado con una camiseta
del Abejarock, lo cual causo un efecto inmediato entre nosotros, haciendo que
Belloso cogiera al chaval por la espalda dándole un susto de muerte y le
explicara que ellos eran los organizadores del evento terminando con una bonita
foto... que no sé quién la tiene.
Otro momento del concierto o mejor dicho, personaje fue el
tío vestido entero de oso panda (los lendakaris muertos tocaban después) y,
digamos que su envergadura lo hacía parecer como tal provocando que todo el
mundo quisiera hacerse una foto con él. Juraría que varios de nosotros se
hicieron la foto, pero no sé quién la tiene.
Otro gran momentazo fue cuando un insensato pequeño grupo de
personas se intentó hacer una foto con el escenario detrás y alguien se les
añadiría provocando que otro se añadiera terminando con unas 70 personas en la
foto entre las cuales nos encontrábamos, y esa foto sí que me gustaría tenerla
pero va a ser un poco imposible. Si el dueño de la foto o alguien que lo
conozca llegara a ver esto en algún momento de su vida sería genial que me
pasara la foto para ponerla por aquí, porque fue un grandísimo momento.
Dado que más adelante tocaban grandes grupos como Sepultura
y Ska-p, decidimos volver al camping a descansar y tomar un par de cervezas y
quien dice un par dice llenar y vaciar varias veces la nevera.
Hubo un momento gracioso según llegábamos al camping pues
resultó que coincidió que 5 de nosotros teníamos que mear colocándonos en fila
en la pared del cementerio haciéndonos una foto. Pero eso no fue lo gracioso.
Lo gracioso fue oír a lo que creo que era la novia de un tío diciéndole: “Tenías
que mear en el otro lado, ¿no? No podías haberte puesto a mear a este lado de
la pared y salir en la foto con esos colgaos, ¿no?”. Y sí, los colgaos éramos
nosotros.
Ya en nuestro territorio, y según yo lo recuerdo y aviso que
mis recuerdos pueden ser diferentes de la realidad dada la cantidad de cerveza
que había caído, me saqué la guitarra dispuesto a tocar canciones más populares
y conocidas empezando a cantar yo sólo, hasta que vino un vecino armado con un
ukelele al que automáticamente Vane lo nombró Tomasito, y así se quedó el
pobre.
Entonces empezamos a tocar, turnándonos la guitarra y la
gente se empezó animar. Niño Soldado de Ska-P, Ellos Dicen Mierda de La Polla
Records, En Blanco y Negro y No Hay Tregua de Barricada y otras cuantas
conocidas, provocando que la gente se animara y terminando cantando todos
juntos. Oh, qué precioso momento.
Para bien o para mal llegó la hora de irnos, para ver un
trozo de Lendakaris y después a Sepultura. Y bueno, sobra decir que se ya las
cervezas ni las metíamos en la nevera pues no daba tiempo a que se enfriaran.
Y esto nos lleva al siguiente escenario: La Puerta. O donde
te registran o te tocan literalmente los huevos. Las chicas se quejaban de
nuevo por los excesivos registros provocando que Belloso a grito de “¡Esta
noche me tocan!” se metiera en la cola de las tías.
Obviamente la ley dice que una tía no puede registrar a un
tío, al menos no profundamente, por lo que terminaron desviándole a la cola de
tíos. Pero… aquello no podía ser. ¿Acaso no estamos hablando constantemente de
igualdad de oportunidades? Eso… eso… eso era una Dictadura.
Y así terminamos cantándoles a los registradores “Lo llaman
Democracia y no lo es” que se modificó en un triste “Lo llaman Dictadura y eso
es” para terminar en un “Abejarock, Abejarock, Abejarock” que atrajo la
atención al tercer momento mágico de la noche.
Resulta que al grito de Abejarrock se nos unió un tipo que, sorprendentemente,
tenía puesta una camiseta de “De Mal en Peor” antiguo grupo de punk bejarano, y
digo antiguo porque ahora se llaman Impakto.
El caso es que el tío este no sólo conocía al grupo, sino
que había sido compañero de piso de Cascón, el bajista y colega nuestro. Así
que, como no podía ser de otra manera, terminaron llamándolo y hablando con él.
Tras ver un trozo de Lendakaris que no recuerdo muy bien,
nos fuimos a ver Sepultura. Por desgracia, aunque son un grupo brutal, nadie
menos yo quería quedarse, así que terminé quedándome sólo, esperando a Petan
que había ido a mear o a pedir cerveza y no había vuelto a aparecer.
Por desgracia tampoco puedo hablar mucho de este concierto,
soy musicalmente inculto en el sentido de que no conozco demasiados grupos y
este no era uno de esos. Sin embargo, como buena amante del metal, pude
disfrutar de un grandísimo espectáculo entre música, luces, la gente… a ver si
me hago con los discos, porque paso de escucharlos en Spotify y que me salte
entre medias un anuncio de tuenti o peor, una canción de Justin Bieber.
En fin, llegaba el turno a Ska-P y volver a ser ese niño de
8 años que se montó en un autobús camino a un campamento y escuchó la cinta de
El Vals del Obrero y por ahí entró al mundillo del Rock. Poco a poco obviamente,
además ya había tenido mis viajes con Deep Purple, Led Zeppelin y Pink Floyd
gracias a mi padre.
He de señalar que antes de separarme del grupo, había
quedado con ellos en un poste de madera, apuntad esto para el futuro. El caso
es que me dirigí hacia allí encontrándome curiosamente con la única persona que
no había quedado allí, más que nada porque no estaba cuando quedamos: Petan.
El resto no apareció, pero, considerando la enorme cantidad
de gente que había consideré que no les había sido posible o simplemente habían
preferido no hacerlo. Y es que, ¿a quién no le gusta o le ha gustado o ha
bailado en la verbena alguna vez Ska-p?
Excepto unos cuantos, pude observar que la mayoría de los
allí presentes habíamos crecido con ellos. Ellos habían sido nuestro primer
grupo fuera de lo que te decían en la tele o en la radio que escucharas. Es
decir, a mis nueve años yo ya tenía mi cinta de Eurosis, mi cinta de Celtas
Cortos y mi cinta del Ballbreaker de AC/DC, la cual aún conservo en el coche
junto a la cinta del A Real Live One de los Maiden y un concierto de Nirvana en
Roma.
¿Y cómo sé esto? Fácil. El concierto estuvo bien, suenan los
temas de siempre y disfrutas la puesta en escena que es siempre genial. Pero
entonces se ponen a tocar temas de los últimos discos y ves cómo la gente se va
callando y quedan unas cuantas voces. Seamos realistas, aparte de que Ska-p
perdió toda su credibilidad cuando dijo que daba 5 conciertos y lo dejaban,
para luego volver a unirse cuando les ha convenido, han perdido mucho fuelle desde
Eurosis o Planeta Skoria. Además, musicalmente hablando no son gran cosa por no
decir que muchos grupos amateur los superan sin dificultad.
¿Qué ganan? o mejor dicho ¿Cómo ganan? Fácil. Canciones
pegadizas, mucha trompeta y ska y punk bien mezclados. Además, ¿a quién no le
gusta ser reivindicativo?
En fin, no voy a negar que me lo pasé bien en el concierto
y, dado que no dan casi ningún concierto en España, fue una oportunidad.
Hubo un momento en que nombraron las comunidades autónomas
de España evocando a que los habitantes de cada una de ellas gritara. Bien,
pues, aun teniendo una maldita bandera de Castilla y León delante, se olvidaron
de nombrarnos. Vale, que CyL es una mierda, que no aportamos nada más que
monumentos, que somos los perritos falderos del PP de Madrid (generalizando).
Sí, todo eso es cierto. Pero tío, tienes una puta bandera delante de tus
narices.
Otra cosa que no estuvo demasiado bien, fue el hecho de que
encendieran bengalas entre el público. Ya hablé de ello la otra vez. Te violan
en la entrada para registrarte pero sólo te quitan el alcohol, las armas u
objetos peligrosos da igual. Decidido. El año que viene me llevo una catapulta.
Oh, mierda, se me olvidaba el último momento mágico, aunque
no tan mágico como los otros, del día. He de contar una pequeña historia previa
pero juro que valdrá la pena…creo.
Vamos unos años atrás, el año del primer Abejarock. Antes
del festival, se creó en uno de los bares de Béjar lo que se llamó la antesala
del Abejarock, donde grupos que tocarían después en el festival o simplemente
grupos en general tocarían todos los viernes del invierno y tal para ir
recaudando para el festival.
Uno de estos grupos fue “Menos da una Piedra” y, como su
nombre indica, menos da una piedra, pues, aunque no fui a verlos, me contaron
los tres que formaron el público que eran malísimos y que el batería estaba
puestísimo de todo y no sabía ni tocar.
Al día siguiente de dicho concierto y tras haberme contado
el panorama, los de mi antiguo grupo, El Zulo, y yo los vimos por la calle y
los gritamos por la ventanilla:
-¡Menos da una piedra!
-Eeeeeeeyy (apagado y sin ganas)
Todo esto viene a que cuando estaba dirigiéndome hasta el
poste de madera donde todos habíamos quedado pude escuchar ¡Menos da una
piedra! ¡Menos da una piedra! ¡Menos da una piedra! A lo que pensé para mí: “No
jodas…” Terminando la anécdota con un encuentro con el cantante del grupo al
que le dije que me acordaba de ellos de cuando fueron a Béjar, terminando él
con un “Sí, la liamos mucho en Béjar, sí” con cara de apenas recordar quién era
y por qué estaba hablando conmigo.
Al terminar el concierto Ska-p yo, me dirigí religiosamente
al poste de madera a esperar a unos amigos que no llegaron, así que en lo que
empezó Bongo Botraco, otra banda hippy-pija-ska que tanto se llevan en estos
tiempos, me fui a pedir una cerveza que conseguí a duras penas por la cantidad
de gente y me la tomé esperando en vano en el poste de madera.
Oh, el poste de madera, mi único compañero, él y la chica de
Guadalajara, y una cerveza, y la gente de Ciudad Real... Oh, soledad…
Cansado de esperar y de existir, pues estaba reventado
después del concierto, me dirigí hacia el camping con la esperanza de toparme
con algún puesto de comida en el camino, pero no podía con mi alma. De hecho,
prácticamente me tambaleé hasta la tienda donde me dejé caer, literalmente y me
quedé dormido al instante. Hasta que me desperté un rato después y logré cerrar
la puerta de la tienda volviéndome a dormir inmediatamente.
Me desperté al día siguiente fresquísimo pues había dormido
fenomenal. Aproveché que era el primero para despertar a la gente a grito de
¡Os han meao la tienda! En vano, pues no se despertaron hasta un rato después
pudiendo coger lo que estaba en su tienda y el objetivo máximo de este Viña
Rock: El Caldo.
Cogimos el camping gas e hicimos caldo. Caldo caliente para
desayunar y eso, eso sí que fue brutal. Ningún concierto es capaz de superar la
sensación del caldo caliente aliviando tu dañada garganta y reposando tu
estomago ardiente de tanta Steimburg… A eso le añadimos el jamón con pan de ajo
y algún que otro trozo de kit-kat.
Un desayuno genial, pero un desayuno triste, pues era el
último que haríamos allí. Después de aquello sólo quedaba desmontar las
tiendas, guardar las cosas al coche y partir hacia casa, donde nos esperaba la
aburrida y triste vida diaria, muy lejos de la libertad que habíamos
experimentado aquellos días inolvidables. Ahora sólo quedaba intentar explicar
a la gente en vano cómo te sientes y por qué vuelves tan eufórico. Pero eso lo
dejaremos para el epílogo.
Y con esto termina esta historia. Disfruté viviéndola y he
disfrutado contándola. No soy bueno contando historias, pero espero que os haya
gustado. Para terminar con la serie haré un epílogo como reflexión de a qué me
ha llevado el vivir esto que está lejos de ser una simple colección de
conciertos, al menos para mí.
He pensado que si alguien quiere contar alguna historia del
Viña Rock y no sabe dónde ponerlo, que me lo pase y lo pondré tal cual en el
blog a su nombre y dentro de la serie de Relatos Efímeros de un Viña Rock.
En fin, pongámonos a continuar este largo proyecto que viene
siendo relatar mi experiencia en el señor Viña Rock 2013. Muchos os
preguntaréis (fijo que no) por qué los llamo relatos efímeros. Básicamente es
porque me conozco. Mi memoria es bastante mala y los días se me van juntando
unos con otros. De hecho, tengo que ir consultando una y otra vez el horario
del festival para poder ir relacionando cosas.
Por otra parte, todos los que habéis estado en un festival,
concierto, evento o lo que queráis un poco largo, sabéis el palo que supone
abandonar todo aquello para de nuevo ingresar en la pulcra, educada y moral
sociedad con su día a día, su rutina, sus conversaciones banales y
políticamente correctas, es decir, todo lo que me saca de quicio, así que
podréis notar que mi tono de escritura es mucho más flojo, ya que la rutina se
va apoderando de mí y los exámenes me amenazan desde la vuelta de la esquina.
Dejando atrás (provisionalmente por desgracia) los malos
royos es hora de continuar con nuestra historia.
Lo habíamos dejado el jueves por la noche (aunque ya era
viernes) habiendo decidido acostarnos pronto para coger con fuerza el día
siguiente, es decir, el que me voy a dedicar a relatar hoy.
Estábamos Popy y yo tranquilamente dormidos, relajados en
nuestra tienda Quechua (copatrocinador oficial de Viña Rock junto a Steimburg)
cuando la voz de nuestros últimos colegas nos despierta a voz de: “Ja, ja, os
han meao la tienda” seguido de un “¿habrá llovido?”. He de decir que aunque por
la noche había hecho un frío brutal, el sol por la mañana se alzaba fuerte e
imparable convirtiendo nuestra tienda en un bonito horno solar donde más de una
vez propusimos hacernos alguna pizza.
Perezosamente empezamos a levantarnos deshaciéndonos de toda
la ropa de abrigo para no morir asfixiados y deshidratados, empezamos a buscar
la cremallera para poder abrirla, pero las tiendas Quechua son malvadas y
esconden sus cremalleras y cuando las encuentras hacen todo lo posible para que
se te queden enganchadas con cualquier cosa como la tela, la otra cremallera,
etc. Cuenta la leyenda que un hombre estuvo 5 años intentando abrir la tienda
Quechua y cuando por fin lo consiguió se dio cuenta que la tienda se había
quedado enganchado con él… o mejor dicho, él se había quedado enganchado a la
tienda… o mejor dicho ¡¡¡ÉL ERA LA TIENDA!!! Terrorífico.
Paranoias aparte (ya me tomo la medicación, ya), logramos
salir de la tienda y después de echarme un buen chorro de agua a la cara para
despejarme y eso me tocó explicar, sin demasiado éxito, que el hecho de que la
tienda estuviera mojada se debía al rocío y éste a la condensación, etc. Como
ya dije sin mucho éxito, obviamente era más gracioso suponer que nos habían
meado la tienda, así que no pude sacarles la idea de la cabeza. A partir de
entonces se convertiría en el “buenos días” oficial.
Después de todo esto nos enteramos de una mala noticia. Uno
de nosotros había perdido tanto el móvil como la cartera en el concierto de
Boikot. Pleno. Y eso que los llevaba en un bolsillo con cremallera, pero fue
muy bruto, así que no era de extrañar.
En lo que desayunábamos un rico zumo de naranja que habíamos
cogido el día anterior y supongo que algo más aunque no me acuerdo, nos
contaron que habían ido a objetos perdidos, sin demasiado éxito, pero que
habían quedado alucinando con la cantidad de gente del camping, los puestos,
las casas abiertas vendiendo hasta sus hijos si hacía falta y la interminable
cola de 3 días para la ducha del camping.
Sí señores, no estuve en esa cola, pero creo no exagerar,
pues daba varias vueltas y no tenía pinta de avanzar demasiado.
Sin embargo, una de nuestras mujeres (Vane) estaba dispuesta
a seguir con su higiene diaria y decidió probar suerte a ver si no tardaba
mucho la cola o algo así. Esto fue a las 10 de la mañana.
La siguiente vez que supimos de ella fue a la 1 de la tarde
cuando nos informó por mensaje que ya se había duchado y aun así no pudimos
verla hasta las 3 y media de la tarde. Pero no adelantemos acontecimientos, aún
queda lo más importante de ese día.
Decir que las mañanas del Viña eran mañanas tranquilas sin
demasiado que hacer aparte de estar sentado, tomar cerveza, dar un paseo, tomar
cerveza, tocar los huevos tocando la guitarra a los que aún siguen dormidos,
etc. Sin embargo, aquel día teníamos una meta: recuperar el móvil y la cartera
de Petan.
Tras coger una cerveza fresquita cada uno (teníamos tres
neveras, un lujazo vamos) nos encaminamos hacia la taquilla de objetos
perdidos, la cual se encontraba calle abajo en el camping, suponiéndonos un
agradable paseo entre puestos y más gente como nosotros que se dedicaba a ir de
arriba abajo, supongo que tendrían sus motivos.
Puedo decir que, tristemente no tuvimos demasiada suerte.
Ninguna de las dos cosas había aparecido. Petan nos contó que lo que más le
jodía era el móvil, pues en él tenía todos los contactos del curro, muchos difíciles
de volver a conseguir.
Pero no podíamos dejar que decayeran los ánimos. Sin nada
más que hacer por allí nos dirigimos hacia nuestra zona de nuevo, volviendo a
visitar los puestos y ver a más y más gente subir y bajar. Puede parecer
aburrido, pero un 85% de la gente que hay allí son personajes cada uno con una
movida diferente así que es bastante divertido.
Tras bromear un par de veces con la hora a la que tocaba
Reincidentes (lo que luego nos valdría un Zas en toda la boca bastante gordo) e
informarles educadamente de que la cerveza tiene más vitaminas que un zumo de
naranja, tuvimos una idea.
Resulta que desde el primer día pudimos ver como a unos 50
metros de nosotros unos punkis sacaban de una furgoneta una batería y tenían
montado un equipo de sonido, con lo que estuvieron tocando durante casi todo el
festival. La curiosidad y la falta de cosas que hacer (no confundir con
aburrimiento) nos hizo decidir acercarnos a echarle un vistazo.
Cuando llegamos los punkis no estaban tocando, aunque tenían
carteles que ponían si no recuerdo mal “La Terror Band”. Por suerte o por desgracia,
en ese mismo momento no estaban tocando y había un hombre de entre 20 y 1200
años pinchando en el equipo, y digo entre 20 y 1200 porque con gente tan
colgada y degradada nunca puede uno acertar con la edad.
Sin embargo, no pudimos dudar de su simpatía. Antes de
darnos cuenta ya teníamos una cerveza en la mano cortesía del que posiblemente
pueda ser el tío más alucinantemente colgado que he podido conocer en mi vida.
Nos encontrábamos ante un hombrecillo a pecho descubierto
tostado por el sol y lleno de tatuajes. Uno de ellos era una cicatriz el
corazón que le acompañaban cuatro nombres
de personas que supongo que serían familias. Sinceramente no puedo
recordar mucho más… teníamos que haberle echado una foto… era absolutamente
impresionante.
Pero su aspecto no fue lo que más nos impresionó. Su saludo
fue uno de los lemas que nos quedó más clavados este año: “Tíos, somos cultura”.
A lo que continuaron las presentaciones, bastante inútiles por cierto, pues a
mí me llamaba Petan y dudo que se hubiera enterado de mucho más. Nuestra visita
terminó cuando le dio la mano a uno de nosotros (no recuerdo a quien) y la
golpeaba contra su pecho diciendo “Está duro, eh? Está duro”.
Antes de irnos con aquel chute de surrealismo y degeneración
pude echar un vistazo a unas chicas que habían tenido la genial idea de acampar
al lado de esta gente y tenían cara de estar pasándolo realmente bien.
Intentaré reflejarlo con un emoticono DX. La X son los ojos entrecerrados y la
D su cara de tristeza porque antes estaba hablando con ironía, ya sabéis y tal
y… ¡¡NUNCA FUI BUENO CON LOS EMOTICONOS JODER YA!!
Regresamos a nuestro campamento base y fue cuando nos dimos
cuenta que Vane aún no había llegado. Un rato después recibimos un mensaje suyo
diciendo que se había duchado, pero nada más.
En lo que esperábamos para comer y tal, me enteré de una
triste noticia: Jeff Hanneman, el guitarrista de Slayer, había muerto. Así que
decidí darle un pequeño homenaje tocando el trozo que me sé del Reign in Blood
con la española. Luego me di cuenta que no sería el único que lo haría y que
más de un Reign in Blood se escucharían durante los conciertos, lo cual me
alegró un poco.
Nos dimos cuenta que esperar a Vane iba a ser un poco inútil
así que decidimos empezar a hacer la comida: Macarrones con tomate, para
variar, esta vez ya controlando un poco más la potencia del camping gas (el día
anterior tardo en cocer casi una hora).
Tras hincharnos a comer macarrones de nuevo y abrirnos la
cerveza de después de comer pudimos ver como Vane a parecía a lo lejos.
Sinceramente esperábamos que apareciera al día siguiente o el año que viene
tras quedarse enganchada en alguna rave pegada a un altavoz.
Su historia no tiene desperdicio: Nos contó que en un
principio se había puesto a la cola del camping, pero un rato después decidió
que aquello no tenía mucho futuro, así que decidió que podría probar suerte en
aquella casa en la calle principal que te dejaba ducharte por 5 euros.
Por desgracia, aunque había poca cola visible, mucha gente,
por lo que entendí, tenía hora reservada y toda la pesca. Sin embargo, Vane, ni
corta ni perezosa decidió probar suerte por las callejuelas de Villarrobledo de
tal forma que tras mucho caminar (llegó a las vías del tren que estaban lo más
lejos posible de nuestra zona) logró encontrar a una mujercita a la que preguntó
si podría usar su baño. La mujer le dijo que no, pero su hija sí con la
condición de que sólo se lo dijera a chicas de confianza.
Por lo visto fue aquí cuando nos avisó al móvil, pero ahí no
acaba la cosa. Se fue a inspeccionar las raves de alrededor llegando,
incomprensiblemente hasta el Mercadona. Sí, ese que estaba tan lejos de la segunda
parte. Después comió un plato de macarrones en uno de los puestos y regresó al
camping. Todo esto ella solita…
En fin, los conciertos se acercaban y había que ir a ver a
malos vicios, grupo al que yo no conocía pero sí mis compañeros y, como no tenía
mucho más que hacer fui con ellos.
Como digo, no puedo hablar mucho de ellos pues no los
conocía y mi meta aquel día era ver a los Vita Imanna un grupo de metal de
Madrid que conocí en el Sonisphere y me parecieron brutales. De hecho fue el
grupo que más me había arrastrado a ir al Viña Rock.
Después de Malos Vicios nos dirigimos al camping, hoy iba a
ser un día largo y lo sabíamos. En menos de una hora teníamos Disidencia,
Trashtucada o Vita Imana en mi caso y… creo que esto ya lo he puesto en la
parte 2… en fin, continúo.
Si digo la verdad creo que fue uno de estos momentos en los
que no hicimos demasiado, o al menos no lo recuerdo así que supongo que sería
básicamente hablar sobre cerveza, zumo de naranja, la hora a la que tocaba
Reincidentes, baños de subnormales con terraza, etc.
Volvimos a la carga con Disidencia, que nos esperaba con una
sorpresa y tuvimos que tragarnos muchas de nuestras bromas. Resulta que tenían
un invitado y no podía ser otro que Fernando de Reincidentes que estuvo tocando
con ellos.
Tras terminar Disidencia era hora de ir a ver a los grandes:
Vita Imana, lo cual me costó separarme del grupo (era al único que le iban
estos temas). El resto fue a ver a Trashtucada… creo, tampoco me importaba
demasiado, la emoción me recorría el cuerpo.
Vale, no me sabía sus canciones, tampoco he sido nunca muy
bueno para ello, pero había visto lo bestias que eran el año pasado en el
Sonisphere y estaba deseando empezar el concierto.
No había hecho más que empezar y el doble bombo unido a los
timbales ya me habían cautivado. La gente empezaba a moverse y me di cuenta al
instante que aquello no era un pogo punki, aquello era una auténtica batalla
campal. Cierto era que la gente no iba a dar por dar pero estamos hablando de
tíos de una envergadura considerable capaces de llevarse un toro por delante.
Puedo decir que estuve a punto de morir varias veces por
asfixia, aplastamiento, casi me parten por la mitad, una vez me tiraron al
suelo y menos mal que me cogieron entre tres para volver a meterme en el caos…
otra vez y en lo que se supone que era un momento tranquilo un tío dejo caer su
brazo mientras caía de un salto sobre mi codo y casi me arranca el brazo entero…
para muchos puede parecer un infierno y de hecho lo sería si no tuviéramos a
tan grandes músicos como los que teníamos delante con los que el cuerpo no te
permitía hacer otra cosa que hacer el bestia.
Pude fijarme que había una chica de unos 18-19 años que tuvo
los ovarios de meterse al mogollón y a pesar de su poca envergadura aguantaba
los golpes como el que más. Bravo por ti, chica, ojala pudieras leer esto.
Aún resuena en mi cabeza el “nuestros hijos nacerán con las
manos sumergidas en el fango” de la canción Romper con Todo y la imagen del
tipo que, en una lavadora, decidió que era gracioso ir en sentido contrario al
resto o las múltiples veces que separaron al público en dos bandos para
terminar estrellándonos todos. Sí, ya va siendo muy típico, pero lamentaré el
día que no pueda hacerlo.
He de decir que fueron los primeros en decir unas palabras
en honor de Jeff Hanneman aunque no hubo Reingn in Blood, lástima.
Hubo un momento en el concierto en el que todos nos
agachamos y había una cámara o no sé qué porque no pude llegar a verlo, pero el
momento fue brutal porque nos levantamos todos de golpe, todos temiendo por
nuestras vidas y todos tocando con los dedos el cielo.
El grupo se despidió de nosotros con una típica foto y
lanzando púas, baquetas y botellas de agua muy típico, sí, pero emotivo
también.
Después de esto tocaba reunirse con la gente pues empezaba
SA, meta que resultó imposible, pues en cuestión de segundos el recinto se llenó
de gente y yo estaba reventadísmo del concierto anterior así que decidí, en
contra de mis intenciones, que iba a ser mejor ver el concierto sentado en la
zona de arbolitos acompañado de un litro de cerveza y dolores en todo el
cuerpo.
Aun así fui incapaz de quedarme sentado, pues a mitad del
concierto dijeron unas palabras en honor a Jeff Hanneman y esta vez sí hubo un
Reingn in Blood o al menos sólo un cacho, pero fue suficiente para levantarme
de mi letargo y unirme al concierto.
Así que me dirigí a la zona moderada del recinto, que viene
siendo la pantalla gigante del medio donde pude disfrutar del concierto sin
tener la tentación de meterme en un pogo del que podría no salir.
Me esperaba que la gente se pusiera de rodillas en el “Cuando
Nada Vale nada” pero no ocurrió, causándome una pequeña decepción que apenas
podía asimilar con el cansancio.
Debido a este cansancio decidí sacrificar Narco para poder
ver al Drogas que tocaba a eso de las 12 de la noche, dejándome una hora y
media de descanso, así que me encaminé hacia el campamento.
Pude comprobar cómo la valla había caído una vez más, esta
vez definitivamente. Supongo que no puedes vencer al sentido común y menos si
está acompañado de 61000 viñarrockeros.
Cuando llegué al camping me encontré la sorpresa de
encontrar a parte del grupo allí. Parecía ser que todos habíamos pensado lo
mismo, aún quedaban muchos conciertos y había que recuperar fuerzas.
Empecé a contarles cómo los había estado buscando un rato,
pero que con tanta gente me fue imposible encontrarlos y que me había ido donde
la pantalla grande. Fue entonces cuando me dijeron que ellos también habían
estado por allí y por lo visto por la misma zona. Espero que esto sirva como
ejemplo para los lectores para imaginarse la cantidad de gente que había.
Entonces llegamos a un punto clave del festival y es que fue
la experiencia más surrealista que tuvimos. En un momento sucedieron una serie
de cosas que nos dejaron atónitos a todos.
La primera fue un hombre que intentaba llegar a su tienda,
pero no utilizaba un método demasiado eficaz, pues se dedicaba a dar un paso
para adelante y otros dos para atrás.
La segunda no la pude ver porque estaba de espaldas. Aviso
que puede herir la sensibilidad de algunos, los que tengan el estómago frágil
que no lo lean y pasen al siguiente párrafo. Resultó de un hombre que se acercó
a su tienda y se desnudó completamente. Entonces salió la que suponemos que
sería su novia y empezó a limpiarlo con una toallita por todo el cuerpo… tampoco
demasiado eficazmente, pues le limpiaba el ojete y después le refregaba la
espalda y… bueno… no quisimos saber mucho más. El hombre tenía el valor de
olerse la mano…
En fin, la última la viví en primer plano. Tenía hambre,
obviamente no había visto al hombre este… así que me fui hasta el coche a coger
unos ganchitos cuando mientras abro la puerta, aparece una vecina y se pone a
mear delante de mí y cuando vio a mis compañeros reírse se dio cuenta de que yo
estaba detrás cogiendo ganchitos. La expresión de la chica fue: “¡Hala! ¡Qué vergüenza!
Que me ha visto el culo un señor”. ¿A quién llama usted señor, señorita?
En fin, justo después apareció el resto del grupo que tras contarles
lo que acababa de pasar nos dijeron que habían estado delante, pero que
decidieron volver para atrás y quedarse, cómo no, en la pantalla gigante.
Y sí, todos estábamos al lado pero no nos vimos ninguno.
Tras comer los ganchitos, que estaban buenísimos y contaron
con la aceptación de todo el grupo, nos fuimos hasta el recinto para ver al
Drogas. Esta vez, ya descansados nos fuimos hasta delante para poder
disfrutarlo en condiciones, y la verdad fue un concierto cojonudo.
No soy un grandísimo fan de Barricada, pero me alegré de que
la mayoría del concierto fuera con canciones de Barricada, más que nada porque
las suyas sí que no me las sé.
Como digo, un concierto brutal, que desgraciadamente se me
hizo demasiado corto y antes de darme cuenta había terminado. Estoy seguro que
algún mejor fan de Barricada os lo podría describir mejor, pero no es mi caso.
Con esto, era la hora de ver a uno de mis grupos favoritos
en mi infancia WarCry. La verdad es que los he perdido bastante de vista
después de que sacaran el quinto disco, pues con el tiempo he ido evolucionando
a un tipo de música más dura llegando a parecerme este grupo un poco, con
perdón de sus fans y con palabras de mi colega Peralo, “Canciones bonitas para
niñas contentas que están solitas”.
Aun así, esperaba que dieran un buen espectáculo y me
llevaran de vuelta a mis raíces. Pero en mi opinión fue un fiasco de concierto. Tocaron
muchas canciones nuevas que no tienen ni la mitad de fuerza que muchas de las
antiguas y faltaron canciones claves como Tú Mismo, o El Trono del Metal o…
cualquiera que no fueran las que tocaron.
El mejor momento fue quizás el homenaje a Jeff Hanneman
donde volvieron a tocar el mismo cacho de Reingn in Blood de nuevo cortándome
cuando más me había emocionado. Mi teoría se reafirmaba de que WarCry ha terminado
siendo un heavy edulcorado para aquellos que no pueden con algo un poco más
amargo, pues sólo nos emocionamos unos cuantos al oír esa pequeña muestra de
Slayer.
Decepcionado y maldiciéndome a mí mismo por haberme dejado
llevar por la nostalgia y no haber ido a ver a los Toy Dolls que tocaban al
mismo tiempo me dirigí hacia el punto de encuentro donde vi a Popy y Javi tan
derrotados como yo.
Ellos querían ver a Segismundo Toxicómano y de hecho nos
quedamos un rato hasta que decidimos que era mejor descansar para luego ir a
ver a la cover de Extremoduro.
Mientras ellos pedían un redbull de frutas del bosque en
vaso de litro para luego echarse una copa, yo aproveché para pedirme un bocata
que le sentó genial a mi dolorida garganta que había competido antes con Víctor
de WarCry en agudos.
Entonces volvimos de nuevo al campamento y pudimos observar
que algunos de los nuestros se habían acostado ya y hacía un frío de cojones,
así que enganchamos sacos y toallas y nos fuimos a un lugar apartado a echar
una cerveza yo y una copa ellos comenzando, con Segismundo primero y luego
Talco después de fondo, una de las conversaciones más absurdas de la historia
de la humanidad.
Una conversación sobre Satán y sobre cuántos hijos primogénitos
le debía por haberme hecho unos cuantos favores, sobre si le puedes hacer un
favor a Satán, que es que no, porque es como si hay un tío que tiene un blog
que lo hace perfecto y le dices “Eh, tío toma una entrada mediocre para tu blog”.
Pues no, no tiene sentido, porque él lo hace perfecto y tú la estas cagando.
Entonces surgió que podías hacerle un favor cargándote a alguien malo para que
vaya al infierno. Pero tampoco, porque si te cargas a alguien malo, este sería
una víctima y sería bueno e iría al cielo. Y que eso dónde estaba escrito. Y
que si te has leído la biblia. Y que sí, que tres veces. Y que si te la has leído
en latín. Y que si en latín la empecé pero al final lo dejé porque era un
rollo.
Y entonces nos dimos cuenta que había alguien en la tienda
de al lado que debía de estar flipando ahora mismo tratando de averiguar qué
mierda nos habíamos metido.
También nos dimos cuenta del frío que hacía, así que nos
fuimos a la mansión de Javi que cabíamos los 3 y un Tiranosaurio Rex si hiciera
falta. Y allí continuamos nuestra bonita conversación hasta que llegó la hora
de ver a Iros Todos A Tomar por Culo, la cover de Extremoduro.
He de decir, que la única cover que vi el año pasado fue la
de Metallica que actuaba el primer día y lo pude coger con fuerza. También hay
que tener en cuenta que hacía un frío de cojones y llovía y estábamos en el
camping, lo que suponía un bonito paseo entre medias. Por lo tanto, el año
pasado me perdí la otra cover de Extremo: De Acero, los cuales sinceramente
espero que fueran mejores que estos.
Ante nosotros teníamos a una versión gorda de Robe,
demasiado lejos como para fijarse en sus caras, pero intentaba que su voz y su
acento fueran los mismos. Aparte de eso… bueno, los guitarras se inventaban los
solos cuando éstos no les salían y de vez en cuando se les iba el ritmo.
Durante la de Deltoya pude observar que iban más lento y como muy descuadrado
el ritmo y aunque valoro el hecho de que intentaran reproducir el momento
Tarara de la gira 2002, no estuvo demasiado currado y terminó siendo bastante
decepcionante. En Tu Corazón, en el tramo final intentaron hacer un par de
florituras que hacían que se perdieran de ritmo un par de veces. A pesar de
todo, debo agradecerles una cosa y es que no acabaran con Ama… todos los que
tienen o hemos tenido un grupo lo hemos hecho y… buff, no es original ni la
primera vez. Estos tíos terminaron con Puta… o una versión propia de la misma,
porque al llegar al solo el guitarra hizo un free style ahí que no estuvo
demasiado bien. Eso sí, terminaron con el Rockin’ all over the world, pero bueno,
algo es algo. Debo elogiarles sin embargo por la canción de Jesucristo García
la cual hicieron una versión bastante apurada de la del disco de Iros Todos a
Tomar por Culo, haciendo honor a su nombre, lo cual era una de mis intenciones
cuando estaba en El Zulo, pero nunca fuimos capaces de ponernos de acuerdo.
A pesar de todo esto, Extremo es Extremo y da igual lo cutre
que lo toques, todo el mundo se sabe las canciones, provocando que el concierto
estuviera hasta las trancas de gente, más que muchos otros conciertos bastante
más importantes. También hay que decir que era esto, las raves o dormir, así
que tampoco quedaba mucha alternativa.
El caso es que lo pasamos de putísima madre aunque fuera a
base de pogos desfogados por el cansancio o cantando la estrofa olvidada del poema de Ama original, terminando yéndonos a la tienda a
las 6 de la mañana, sorprendiéndonos de encontrarnos a Vane dormida y no en las
raves y con su hermano Javi, planteándose seriamente si irse a las raves o
dormir, eligiendo esta última opción.
Pero el día no podía acabar así tal cual. ¿Os acordáis de la
chica que decía: “Me ha visto el culo un señor”? Pues ya dentro de la tienda
oímos como se disponía, esta vez acompañada de una amiga a repetir la jugada de
mear al lado del coche. Entonces le dije a Popy que abriera el coche desde la
tienda, que unido a la mierda que llevaban encima les dio un susto de muerte,
para terminar preguntando si ese coche era de alguien. A lo que les respondí
que era mío y que yo era Dios… Quiero pensar que eso bastó para que no mearan…
quiero pensarlo.
Y con esto terminó el día más largo del Viña Rock y el que
pensábamos que iba a haber sido el mejor… Nos equivocábamos… Aún no habíamos
sacado la sidra.
Continuará con Parte 4: Lo Llaman Democracia y No Lo Es.
PD1: Todo el material fotográfico y de vídeo no me pertenece, así que si eres el autor y lo ves en mi blog y te molesta, si quieres que lo retire así lo haré, pero aviso que lo hago sólo con carácter divulgativo y, por supuesto, sin cobrar un solo duro.
PD2: El vídeo que voy a poner ahora no tiene nada que ver con nosotros, pero lo vi esta tarde y me gustó. Lo dejo como recompensa para aquellos valientes o insensatos que se hayan atrevido a llegar hasta aquí:
Bueno, ha pasado un día ya entre rutina y civilización desde
que llegué del Viña y la emoción no es la misma. De hecho, creo que estoy
sufriendo un síndrome postvacacional brutal y estoy viendo que me va a costar
bastante volver de nuevo a la vida de siempre sin pasar por unas cuantas
depresiones.
Pero no pasa nada, los recuerdos son míos y sólo el alzhéimer
y la cerveza podrán arrebatármelos; y como me he comprometido a relatar mi
experiencia me dispongo a contar lo que supuso el segundo día de esta
grandísima experiencia.
En primer lugar, dar mi pésame a la familia y amigos del
chaval de 25 años que murió el último día en el festival por una parada
cardiorrespiratoria, si no me he informado mal, durante el concierto de Ska-P.
Espero que al menos muriera feliz.
Y a lo que iba. Comienza el segundo día, a jueves 2 de mayo,
con un desayuno a base de jamón y tomate y, por qué no, alguna que otra
cerveza. El sol empezaba a pegar fuerte y las nubes quedaban lejos en el
horizonte. Lo cierto es que no era el día más fuerte en cuanto a grupos, pero
era el primero y el sólo hecho de que se abrieran las puertas del recinto ya
era suficiente para emocionarme.
Ante los fuertes rayos del sol nos pudimos dar cuenta de que
la noche anterior había sido más larga de lo que habíamos podido planear y se
cobraba factura de nuestros cuerpos, pero nada que no pudiéramos superar con un
poco de fuerza de voluntad y un buen remojón de cara.
Cuando por fin conseguimos quitarnos las legañas nos pudimos
percatar que nuestras reservas de comida no eran precisamente excesivas a no
ser que esperáramos alimentarnos a base de patatas fritas y ganchitos lo cual
no sonaba como una mala alternativa. Sin embargo, a pesar de nuestro cansancio
y por hacer pasar el tiempo hasta las horas interesantes decidimos ir a visitar
las zonas del camping por echar un vistazo a los 61.000 viñarroqueros que
éramos y de paso ya pasarnos por el Mercadona a conseguir provisiones.
La primera parte de nuestra misión la conseguimos bastante
rápido, pues en cuanto salimos de la zona del parking y nos encontramos de cara
con los puestos de mercadillo, la gente subiendo y bajando por la calle
principal, puestos en las casas donde te dejaban ducharte, te daban café o
cerveza, puestos de comida y, por supuesto, un mar infinito de tiendas de
campaña y de gente. Tuve la oportunidad, además de poder observar mi sitio del
año pasado que, gracias al estar al lado de una regadera y la genialidad del
señor Peralo de coger un zacho pequeño para hacer una canalización, no tuvimos
que dormir en un lago de barro.
Nostalgia aparte nos dispusimos a coger provisiones
inocentes de nosotros sin saber la que se nos venía encima. Además, llegados a
este punto debo aclarar una cosa. Villarrobledo es un pueblo muy grande, pero
sigue siendo un pueblo y además es siempre igual. Me recuerda a los videojuegos
antiguos donde los escenarios eran siempre el mismo cruce y lo copiaban y
pegaban una y mil veces haciéndolo enorme, monótono y un auténtico laberinto.
Por otro lado, yo el año pasado sí que hice varias
expediciones al mercadona, pero dado la naturaleza monótona del pueblo, dichas
excursiones eran básicamente tirar para adelante y rezar para poder encontrarme
con algo conocido que me llevara al mercadona.
Por alguna razón, y no entiendo muy bien por qué, debo
inspirar cierta confianza o algo, la gente confió en mí para que, repitiendo
mis experiencias pasadas los guiara hasta el mercadona, a pesar de que les
informé de que yo estaba tan perdido o más que ellos.
Por suerte no era difícil encontrar el camino correcto,
pues, como preludio de lo que nos esperaba más adelante, un río de gente fluía
en dirección hacia el supermercado, ansiosos por conseguir comida y bebida que,
en un alarde de inteligencia para poder ahorrar peso y espacio en el coche
habíamos decidido comprar en el lugar.
El río nos arrastraba hacia nuestro destino seguro, sin
embargo, eso no evitaba el largo camino que supone llegar hasta allí pues, tal
como dije antes, Villarrobledo es un pueblo muy muy grande y el sol y el
cansancio del día anterior no ayudaban demasiado. Sin embargo, y en contra de
toda posible predicción llegamos sanos y salvos al querido supermercado.
Todo estaba resuelto, tan sólo debíamos coger varios
paquetes de macarrones, un poco de cerveza y algo de fruta, era una sencilla
tarea que no nos hubiera costado nada de no ser por la que se nos venía encima.
Obviamente el sol no nos había permitido deducir la
evidencia. Un montón de gente se dirigía hacia el mercadona. Un montón de gente
en busca de comida y bebida. Un montón de gente que si no había allí 10000
personas no había ninguna.
Parecía que algún grupo se hubiera adelantado y hubiera
decidido empezar a tocar en el mercadona pues nos encontramos a la entrada un
mogollón de gente y un segurata dando voces con la cara más roja que un tomate
muy muy rojo diciéndonos que se había superado el aforo del local y que
debíamos esperar a que saliera gente por eso de tener que respirar y tal.
Y el hombre no exageraba. Las colas de las cajas se
extendían hasta el horizonte y la gente, armada con cajas de las de los palés,
intentaba apropiarse de lo que podían, pues la libertad de movimiento y visión
eran nulas. Ante este panorama decidimos dividirnos y trabajar en equipo: unos
se dedicarían a hacer cola mientras otros, en los que me incluía iríamos a
coger las cosas.
Al cabo de 10 minutos y tras no poder encontrar unos míseros
macarrones decidimos que estábamos tratando de hacer un imposible y que íbamos a
tardar menos buscando algún otro sitio.
Cuando logramos salir, que no fue tarea fácil, nos pusimos
en contacto con el otro grupo y cuando por fin nos reunimos, nos enteramos de
la otra parte de la historia. Ellos habían seguido desde el inicio de la caja
para poder encontrar el final de la cola hasta que se dieron cuenta que ya no
había cola, pues todas las colas se juntaban en una masa informe de gente
esperando a ser atendida.
En definitiva, una pesadilla bastante surrealista digna de
mencionar. Por suerte, esto no fue el fin del mundo, pues pude recordar una
pequeña tienda de ultramarinos que se encontraba en el centro al que pudimos
llegar gracias a la ayuda de unas mujeres indígenas a las que les agradecemos
de todo corazón el poder haber comido y bebido esos días.
La tienda en cuestión se llamaba “La tienda de correos”
porque, como podéis imaginar, Correos estaba al lado. De la tiendecita puedo
decir que el dueño estaba totalmente hiperactivo y cobrando a una velocidad de
vértigo a la masa de viñarrockeros greñudos que habían invadido su tienda en
defecto del mercadona, viñarrockeros que pedían whisky antes que la carne
picada. Por otro lado, la decepción se apoderó de mí por otra parte ya que ni
tenían caldito ni pillamos la cuchara que sopla sola de pastas gallo, un grandísimo
fallo. ¿Era necesaria? Vale, no. Pero, ¿acaso no es el sueño de cualquier
hombre que se la soplen? La sopa digo. (Ba dum tssss).
En fin, continúo que con tantas historias se me va la pinza
y al final me da que no llego ni a los conciertos que es al fin y al cabo a lo
que íbamos desde el principio.
La vuelta hacia la tienda fue más sencilla gracias a que
ahora seguíamos a Belloso en vez de a mí, el cual, menos mal, tiene un sentido
de orientación mucho mejor que el mío y llegamos pronto a la zona donde
habíamos acampado.
Debo acordarme de dar las gracias a los vecinos, los cuales
tenían una bandera republicana alzada a lo alto que nos sirvió de referencia
para ubicarnos más allá de: “Quedamos en la quechua verde”.
Y por fin pudimos comer y con esto llegó la modorra y varios
intentos de dormir en tiendas-horno y algunos con más suerte y gracias al fruto
de su trabajo en una furgoneta con cama y aisladas térmicamente. Esto hasta que
llegaron los últimos a los que esperábamos, unos amigos que no se decidieron a
venir hasta última hora y encima deciden venir el jueves en vez del miércoles,
perdiéndose el día anterior.
Sin embargo, tras que consiguieran llegar, pues se perdieron
entre las calles infernales de Villarrobledo, supuso un soplo de aire fresco a
nuestra modorra y empezamos a animarnos.
La hora de los conciertos se acercaba, ya estábamos todos y
tras unas cuantas bromas sobre la hora en que tocaba Reincidentes (grupo que
precisamente no estaba en el cartel) nos dirigimos hacia allá encontrándonos
que afortunadamente habían abierto la valla que nos separaba de nuestro destino
evitándonos dar una vuelta kilométrica.
Pronto nos dimos cuenta que la seguridad de la entrada se había
incrementado desde el año pasado, llegando a registros abusivos y estrictas
normas de entrada que terminaban reduciéndose nada más que al alcohol pues,
como pudimos ver más adelante, la gente llegó a encender bengalas en el
concierto de Ska-P, por supuesto bastante más peligroso que la lata de cerveza
que estas a punto de terminarte. Las más afectadas en este caso fueron las
chicas, que contábamos con dos en nuestro grupo, a las que por lo visto
registraron muy muy a fondo, si podéis entenderme.
Quitando todo esto, pudimos celebrar la bajada de 6 a 5
euros de los litros de cerveza, como no, comprando y bebiendo cerveza,
calentando para los conciertos que nos quedaban por delante.
Llegamos con Riot Propaganda, o la unión de Los Chikos del Maíz
y los Habeas Corpus, y me pude acordar de mis colegas que me acompañaron el año
pasado que son grandes fans suyos. He de decir, que aunque no me va demasiado
el rollo hip-hop y, aunque al juntarse con Habeas Corpus le daban un toque de
rock, me dejaron un buen sabor de boca aunque al final quizás resultaran un
poco monótonos para mi gusto. Resaltar el “Bailaré Sobre tu Tumba” de Siniestro Total que tocaron en honor de Margaret Tathcher con el que todo el mundo se revolucionó.
Pudimos ver a otros grupos como Hora Zulú, El Canijo de
Jerez el cual tocó unas cuantas de esas canciones del disco rayado de Los Delincuentes
que el señor Iván me lleva poniendo durante años cuando voy en su coche y entre
medias tuvimos un tiempo para pasarnos por las tiendas y coger fuerzas para los
que llevábamos esperando todo el día: Boikot.
¿Qué decir de un concierto de Boikot? Es Boikot. Las mismas
canciones de siempre que no te cansas de cantar y menos de bailar en sus conciertos.
Tres de nosotros decidimos que merecía la pena aventurarse a meterse en el meollo
de la parte delantera aún a riesgo de no salir vivos de allí. Sin embargo nos
dimos cuenta de que no había mucho que hacer. El pogo era tan enorme que apenas
cabía un alfiler y nadie podía empujar, por lo que terminó siendo una marea de
gente moviéndose aleatoriamente.
Aun así he de decir que hubo alguna vez que temí por mi vida
por tener que atarme las zapatillas, pues unos cordones desatados sí que podían
producir la muerte en aquel momento.
Cuando el concierto terminó conseguimos, milagrosamente
encontrarnos los tres e intentar salir de aquella batalla campal, magullados
por todas partes, sí, pero felices, cansados y felices.
Esa era la sensación que buscaba. El caos y la adrenalina recorrían
mis venas, los pies me dolían de saltar, las costillas de recibir empujones y
algún que otro codazo, los codos de una vez que caí al suelo (recogiéndome
entre tres personas casi instantáneamente)… caos y libertad… felicidad.
Por lo demás, tocaba La Pegatina, un grupo que conocí el año
pasado, muy muy verbenero, pero que está de moda y la gente entra al juego
poniéndose pegatinas en la cara y bailando canciones de manolo escobar a un
pseudoritmo de ska.
Había sido un día largo y al día siguiente nos esperaba uno
más largo aún, así que viendo el panorama decidimos que lo mejor que podíamos
hacer era clausurar el día con una rica cerveza y dormir.
Al día siguiente nos esperaban grandes grupos: Malos Vicios,
Disidencia, Trashtucada para algunos, Vita Imana para otros, Segismundo
Toxicómano, Toteking para algunos, WarCry para otros y la banda cover de
Extremo: Iros Todos a Tomar Por Culo.
Y esto nos animó a acostarnos pronto para mañana poder coger
el día con energía y ganas. Como ahora mismo, que según escribo las líneas se
me cierran los ojos, pues aún me dura el cansancio del festival y la rutina me
parece de lo más insoportable así que hay que dormir bien.
Escribo estas líneas mientras aún me duelen los pies, tengo
la piel quemada por el sol, las piernas con poca sensibilidad, la voz
desgarrada y un cansancio que me pide una semana o dos de reposo total.
Vuelvo, de nuevo, de lo que ha sido una de las experiencias
más inolvidables de mi vida, y es que puedo decir que puedo decir que cargo con
otro Viña Rock a las espaldas y espero que no sea el último.
Escribo rápido y quizás incoherentemente por el hecho de que
me llena la emoción y antes de estamparme contra el muro de la realidad me gustaría
terminar esta entrada e intentar transmitir lo que siento a todo aquél que lo
lea.
La aventura comienza con el señor Popy al volante y yo
camino a Villarrobledo, con unas cuantas horitas de viaje por delante y el
coche lleno de aparatejos de camping, comida y mucha ilusión.
Tras un caluroso viaje y ya con ganas de coger una lata de
cerveza fresquita de las que llevábamos atrás en la nevera, llegamos por fin a
nuestro destino y pudimos atisbar lo que nos esperaba al frente. Una fila de
coches y furgonetas infinita tan hasta las trancas como el nuestro a lo largo
de la avenida que rodea el festival se nos aparecía ante nosotros diciéndonos
que íbamos a tener que pasar un rato más en el coche.
A diferencia del año anterior, en el cual tuve que llegar en
tren, con mochilas cargadas de toda la comida de todos los días y sólo con
nuestras tiendas de campaña ante una serie de jornadas de lluvia
ininterrumpida, este año no sólo contábamos con el coche, camping gas y nevera,
sino que además estábamos a punto de reunirnos con los grandísimos
organizadores de lo mejorcito que hay en esta triste ciudad de Béjar, el
Abejarrock (ahí tenéis más información sobre el evento en cuestión: http://festivalabejarock.blogspot.com.es/)
los cuales, más experimentados que nosotros en
estos temas habían traído lo que considero el sueño de cualquier hombre:
una furgoneta (ahora quiero tener una más que nunca).
Todo parecía perfecto, añadiendo el tiempo tan bueno que
tuvimos todos estos días, pero aún hay más pues nos encontrábamos en lo que
podía ser el mejor sitio para acampar: al lado de los conciertos, separados por
una alambrada que, como era previsible, no tardó en caer y, por más que los
señores importantes del festival intentaron mantenerla cerrada una y otra vez,
esta se doblegaba ante el sentido común de ¡NO ME SALE DE LOS HUEVOS DAR UNA
VUELTA DE 500 METROS PARA LLEGAR A UN SITIO QUE ESTÁ DELANTE DE MÍ!.
Bueno, continúo aunque debo avisar que en el mismo momento
en que mi quechua verde tocó el suelo el paso del tiempo empezó a ser difuso.
El primer día se nos ponía por delante y podíamos saborear el ambiente. La
libertad corría por nuestras venas y sabíamos que las leyes y las normas tenían
poco que opinar en aquél momento, los convencionalismos sucumbían ante la
diversidad y la locura. La música comenzaba a sonar en los alrededores (causando
que en un futuro no demasiado lejano muchos coches tuvieran que arrancar con
pinzas el día de la partida), la cerveza a salir de las neveras, el acto
introductorio comenzaba y esto nos llevaba a terrenos del camping (pues
nosotros nos encontrábamos en el parking donde supuestamente no se podía
acampar), donde los señores de Red Bull habían montado un bus-escenario donde
tocarían varios grupos de carácter bailongo para ir calentando el ambiente,
algo innecesario para nosotros que arrancábamos con energía aquél día.
No puedo contar mucho de aquellos
conciertos, pues no les presté demasiada atención ya que no es precisamente un
género que me agrade demasiado. He de nombrar, sin embargo a Tomasito,
personaje que nos serviría para futuros chascarrillos, ya que, a parte de ser
bastante ridículo por sí mismo en mi opinión, uno de nosotros tuvo la
genialísima idea de quedarnos a verlo, que era muy bueno y muy conocido y no sé
qué más. Y dicho esto, en cuanto empezó el concierto, dicha persona desapareció
y no dejándonos al señor este como música de fondo en nuestra conversación regada
de cerveza y buena compañía.
He de decir que el hombre, como
buen verbenero levantaba a la gente y la hacía bailar, demasiado flojo para mi gusto
pero, al fin y al cabo conseguía lo que quería y por eso le respetaba. Todo
estaba bien hasta que el señorito tuvo la genialísima idea de tocar, tras haberse
quedado en calzoncillos, una versión en flamenquito del gran temazo de AC/DC,
Back in Black, canción de luto hacia Bon Scott, antiguo cantante que murió
ahogado en su propio vómito como un gran rockero y siempre tendrá mis respetos
por la fuerza y el estilo de su voz.
Esta canción desató en mí una
furia que no pude contener, ¿CÓMO SE ATREVE A PISOTEAR TAL OBRA? MERECE MORIR
DE FORMA DOLOROSA Y RIDÍCULA.
Toda esta situación me hizo
odiarle durante el resto del festival.
Y con esto y tras decidir que la
cerveza que teníamos en nuestros aposentos era más barata que la que ponían allí,
pusimos marcha hacia allí, donde pudimos conocer a nuestros vecinos: Pajarillo
y Mantequilla con quien pudimos amenizar la velada a golpe de guitarra española
con grandes temas como “Bear Bear” y “Mantequilla, Mantequilla, unta la panceta
con mantequilla” consiguiendo que el resto de vecinos, ansiosos por poder descansar
para el duro día que nos esperaba a continuación nos odiaran a muerte por el
resto del festival.
Y tras percatarnos de lo que
podría suponer nuestra muerte durante la noche decidimos que lo mejor sería
descansar, pues al día siguiente nos esperaba, aparte de grandes conciertos,
una auténtica batalla campal por conseguir provisiones.
Pero eso será en otro momento,
pues mi cuerpo, mi mente y mi delicado corasón me piden un descanso de tanta
emoción y creo que les daré el gusto.
Bienvenido de nuevo, queridos lectores (y con esto incluyo a
ambos géneros dado que en este caso tanto el adjetivo como el sustantivo es
neutro) a este apasionado blog sobre la vida la filosofía y… a este apasionado
blog.
Tengo malas noticias para vosotros y es que estoy
emocionado, ansioso, expectante, inquieto y siento informaros, para vuestra
desgracia, que me pongo muy pesado cuando visito estos estados de ánimo normalmente
extraños para mí.
¿Y por qué tanta emoción?, os preguntaréis. Pues bien, os informo para
aquellos que no lo sepan que se acerca el Viña Rock, más concretamente el
próximo miércoles 1 de mayo empieza el susodicho festival, y un servidor tiene
su entrada para allá.
Pero, ¿y por esto tanto? Pues sí señoras y señores,
caballeros y cabelleras, para esto tanta emoción; pues ir al Viña Rock es mucho
más para mí que un simple grupo de conciertos de grupos nacionales, mucho más
que una acampada, el Viña Rock significa mucho más para mí.
Muchos no lo entenderán, estoy seguro, más aún si digo que
no me va demasiado el estilo de los grupos (el punk no es lo mío precisamente),
sobre todo últimamente que se han ido introduciendo otro tipo de grupos más en
plan hip-hop o, como llamarlo… pseudoskaperroflautismo?, lo cual es básicamente
un puñado de tíos interpretando el papel de perroflauta (con cuatro rastas,
pantalones bombachos, etc) con cuatro trompetas y tocando… LOS HUEVOS, porque
otra cosa no se puede decir, en fin, los gustos cambian por muy absurdos que
sean.
Pero si la música no es, ¿cuál es el origen de tan profunda
admiración? Pues bien, ahí va mi explicación. Vivo, como todos, en un mundo con
millones y millones de normas (normas de comportamiento, leyes…), un mundo
donde debes adaptarte para poder sobrevivir, aceptar lo que se espera de ti e
interpretar tu papel. Sí, todos lo hacemos de una manera u otra. Mientras hagamos
lo que se espera de nosotros, mientras aceptemos los supuestos convenios de
comportamiento, no pasará nada, a nadie le molesta, nadie se queja.
Y esto es medianamente entendible. El ser humano es un ser
de costumbres y, por tanto, vive cómodo con un entorno predecible y sencillo
donde todo pasa como debería pasar, o al menos como es capaz de imaginarlo
nuestra mente.
Sin embargo, unos aceptan mejor que otros esta situación, y aquí es donde os cuento mi
caso y el que creo que es de muchas más personas. El mundo no es estático, la
estaticidad la imponemos nosotros y no deja de ser más que una ilusión: no hay
que viajar demasiado para encontrarse con otra cultura y otra forma de ver la
vida. Los que sabemos esto, los que consideramos que no hay una mejor o peor
forma de vivir, sólo formas diferentes vivimos en constante frustración al
vernos forzados a vivir en un entorno estático y cerrado donde debemos
reprimirnos para sobrevivir.
Es entonces cuando llega el Viña Rock. Y muchos dirán: Oh,
un festival de rock. Un montón de perroflautas viviendo entre mierda, drogas y
delincuencia. Otros dirán: Oh, el Viña Rock, un festival de vendidos donde no
hay lugar para la buena música. Y puede que tengan razón.
Sin embargo, para mí significa salir de ese mundo estático
del que hablaba antes para poder encontrar un lugar para ser yo mismo. El año
pasado fue mi primer año y, a pesar de las constantes lluvias, pude respirar
una gran ola de tranquilidad, buenas intenciones y felicidad. Y quizás muchos
digan que exagero y probablemente sea verdad, pero bueno, da igual porque de
aquí en 4 días estaré camino a Villarrobledo a disfrutar de nuevo de este
ambiente y coger aire para poder sumergirme de nuevo en el triste y gris mundo
real.
Este año, aunque no puedo ir con la misma grandísima
compañía del año pasado, iré con otro gran hombre con el que compartido largas
tardes de ensayo, escenarios y otros grandes momentos, así que promete ser
memorable.
Y con esto ya he mostrado mi emoción para con este
distinguido evento así que me despido. Si me da por ahí relataré a la vuelta
las impresiones de la susodicha experiencia.
Salud y
Rock and Roll.
PD: Aun tenemos sitio en el coche por si alguien se quisiera
venir, aunque sea al camping.