lunes, 13 de mayo de 2013

Relatos Efímeros de un Viña Rock. Parte 4: Lo Llaman Democracia y No Lo Es.

Hola de nuevo gente y perdón por el retraso, esta semana la he tenido un pelín liada y, de hecho, no debería estar ahora mismo escribiendo, sino estudiando para el examen que tengo este jueves…

Sin embargo, no puedo dejarlo para más tiempo pues aún me queda por escribir esta parte, que es la última y el epílogo donde pienso hacer una pequeña reflexión de todo lo que ha implicado el ir al festival y, sobre todo, el volver aquí a una vida normal y aburrida, con exámenes, horarios y gente que no duerme en furgonetas.

He de avisar de que ha pasado más de una semana desde aquél sábado 4 de Mayo, pero por suerte he de decir que pudo ser el mejor día de todos, al menos el más gracioso y sorprendente. Espero que os guste y le ruego a la gente que estuvo conmigo que si me equivoco en algo lo cual es bastante probable, que me lo digan y lo corregiré.

Y sin más dilación empiezo.

Lo habíamos dejado por lo de habernos acostado a eso de las 6 y media de la mañana acostándonos y tal… bueno, pues la historia de hoy empieza a las 10 de la mañana a grito de “¡¡Os han meao la tienda!!”. 

No puedo presumir demasiado de mi sueño, pues es ligero y soy fácil de desvelar, así que ahí estábamos despiertos 3 horas y media después de habernos acostado, explicando de nuevo que la tienda estaba mojada por el rocío, mientras gorroneábamos chocolatinas que era lo único que teníamos para desayunar.

Tras un largo periodo de desperezo contando nuestras aventuras y desventuras del día anterior, de cómo nos habíamos movido y por tanto lo mucho que habíamos sudado (aviso: esto es sólo una treta narrativa para introducir la siguiente parte. No lo recuerdo muy bien porque estaba medio dormido pero apostaría a que no sucedió así exactamente) decidimos que iba a ser hora de ducharnos.

Rápidamente descartamos las duchas del camping, pues apostaría a que la cola que podíamos ver era de los que la estaban esperando el año anterior, así que decidimos dirigirnos a la casa que estaba en la cuesta del mercadillo que tenía las duchas a 5€ la caliente y a 3€ la fría. Aun así, yo no descarté el hecho de ducharnos en la gasolinera con la hidrolimpiadora, no recuerdo la última vez que me di una capa de cera.

Afortunadamente, al lado de la casa esta se encontraba otro puesto donde ofrecían entre otras cosas cerveza y café. No, no pedimos una cerveza, nos pedimos un café, pues nos hacía falta una buena dosis de cafeína, y de paso preguntamos al hombre si había mucha cola para la ducha.

El hombre, muy educado él, nos dijo que la cola para la ducha era enorme para la caliente, pero si queríamos una ducha fría no teníamos que esperar cola, lo cual evocó en mi mente la escena de Pulp Fiction donde duchan a Samuel L. Jackson y John Travolta con una manguera en el jardín de una casa, sólo que en este caso me imaginaba un patio de cemento… La idea de la gasolinera iba haciéndose cada vez más sólida.

Por suerte aquello no era suyo, él sólo tenía el puesto donde habíamos cogido los cafés y nos habló de un amigo suyo que tenía las duchas de agua caliente a 2.50€ y que además estaba metido entre callejones así que seguramente no habría mucha cola.

Esa sí nos pareció buena idea, así que gracias a las indicaciones del amable tendero y a que sus hijos fueron en nuestra búsqueda y nos guiaron, llegamos a la tierra prometida.

Como nos habían prometido la cola no era demasiado grande, tan sólo un par de grupos delante de nosotros (las duchas iban en grupos de 2) y un hombrecillo que estaba sentado al sol con un gorro de lana que... ¿cómo diablos no acabaría muerto? Hacía muchísimo calor.

Aunque la cola era pequeña, aun tuvimos que esperar un ratejo, aunque he de decir que, al menos para mí, en esos momentos no me importaba. De nuevo retomamos la conversación del día anterior hablando de qué habíamos hecho, sobre todo cuando nos separamos y tal, como por ejemplo el hecho de tener mi garganta dolorida por haber competido con Victor de WarCry a agudos y de cómo el café caliente me estaba trayendo de nuevo de vuelta a la vida.

Entonces llegamos a un punto en la conversación en que nos dimos cuenta de que no teníamos comida. Sí, cierto, a Popy y a mí nos quedaban unos cuantos macarrones, pero sólo nos daba para los dos y esta vez éramos 5. Además, no teníamos nada que echarle así que tendríamos que ir a comprar de nuevo, lo cual me recordó el episodio del mercadona del primer día y mis todavía doloridos pies del día anterior se quejaban de tener que volver a andar hasta allí.

Por suerte, recordé que el año anterior llegué a un súper cerca del camping que nos podría ayudar.
Cuando por fin entramos a la ducha pudimos ver dónde estaba la trampa. Las duchas eran básicamente dos lonas que contenían dos duchas cada una, que eran básicamente un terminal de ducha que sale de un tubo, que va a otro tubo que iba a un calentador. La casa se estaba construyendo así que no importaba demasiado que se mojara y todo eso.

Sé que puede parecer un poco cutre para la gente que ahora está leyendo esto en una silla cómoda ante su ordenador, pero en aquellos momentos todo nos parecía grandioso, es decir, estamos hablando de agua caliente, caliente de verdad.

Fue magnífico, una ducha tan buena en un momento así, buah. A mí personalmente me quitó todo el cansancio y me trajo completamente de nuevo a la vida. El sol ahora era brillante y no una maldita bola de fuego que nos quemaba a todos, además, pillamos una litrona de Mahou después de tres días a Steimburg y nos supo a… lo siento, no lo puedo describir con palabras, sólo diré que se nos quitó inmediatamente el dolor de estómago.

En fin, no era momento de ponerse a soñar, era momento de ir a comprar tomate, cerveza y caldito, sí, caldito, no me pensaba ir del Viña Rock sin haber bebido caldo caliente un día.
Decidimos ir a buscar el súper del que había hablado antes y no lo encontramos, pero encontramos otro de camino así que supongo que estuvo bien. Por desgracia, como deberíamos de haber previsto, el súper estaba cerca del camping y, por tanto, estaba vacío.

Quedaba pan blandurrio del cual cogimos dos barras y… poco más. No tenían carne ni tomate frito, pero lo que si tenían era… ¡¡CALDO!! Sí señores tenían caldo, además casero, hecho por la abuela de la familia que llevaba el súper. Veíamos como dos tipos se llevaban una botella de dos litros con caldo y pude notar como mi dolorida garganta me pedía a gritos que cogiera caldo para el día siguiente.

Pero el destino tenía otros planes para nosotros. Resultaba que aquellos tipos malditos habían cogido el último caldo y lo único que quedaba era dos vasos de plástico de caldo frío…

Decidimos que no iba a ser allí donde consiguiéramos nuestro elixir de la resurrección mañanera, así que cogimos valor y nos dirigimos hacia lo que hacía un par de días había resultado un auténtico campo de batalla: el mercadona.

Por suerte, Petan tenía su coche fuera del recinto del parking y decidió arriesgarse a perder su sitio para llevarnos en coche hasta allí, lo cual agradecimos nosotros y nuestros pies.

De paso al coche, pasamos una vez más por objetos perdidos en busca del móvil de Petan, en vano pues no lo tenían, sin embargo nos dijeron que en la guardia civil había más móviles y que podríamos pasarnos por allí. Un ligeramente “amable” policía nos indicó que el cuartel se encontraba cercano al mercadona lo cual nos pareció un golpe de suerte, siempre y cuando supiéramos llegar hasta allí…

Así que cogimos el coche, despidiéndonos del buen sitio en el que estaba y pusimos rumbo hacia… bueno, íbamos al mercadona, pero ni pudimos entrar por donde habíamos entrado el otro día así que tiramos un poco por el único sitio que podíamos confiando que de algún modo llegáramos hasta allí, y cuando estuvimos perdidos, ¿a quién recurrieron? Sí, a mí.

En serio, ¿por qué? Mi sentido de la orientación es nefasto, soy un hombre de un pueblo pequeño y sencillo, en cuanto me sacas a un sitio más grande y desconocido me pierdo. Aun así, todos me escuchaban y yo, apoyado por mi nefasta intuición los pude guiar.
Gracias a esto pudimos llegar sanos y salvos y sin casi ningún desvío. A esto y a que una mujer nos ayudó, pero no hubiera hecho falta… creo.

En fin, nos encontrábamos en el mercadona, con un coche, con un maletero y la masa de la otra vez había desaparecido. Llegué a pensar que había muerto en algún momento del día anterior y ahora me encontraba en el cielo viñarrockero donde no hay colas en las duchas y el mercadona siempre está vacío.

Así que entramos y me dejaron a mí el carro. He decir que no llevaba gafas en ese momento, así que pude protagonizar mi propia versión de Mr. Magoo. Por suerte, era el único con problemas de visión y el resto se encargó de llenar el carro.

Pudimos coger todo lo que necesitábamos, es decir, cerveza y… y… ¡caldo! ¡Hay que coger caldo! Y… ¿qué más? Fuera de bromas, cogimos comida que fue… atención redoble… sí, más macarrones, esta vez lisos que eran más baratos. Puestos a tirar la casa por la ventana cogimos además bacon, salchichas, el tomate frito, platos, vasos y agua. Casi parecíamos normales.

Ah, fuet, también cogimos fuet, pero por alguna razón se acabó casi antes de llevarlo al coche.
Después de salir del parking teniendo un montón de problemas con el tipo que lo vigilaba por no tener el ticket sellado porque se le notaba en la cara que le importaba mucho y por eso no nos abrió casi al instante con el mando mágico de su bolsillo, era el momento de volver a las tiendas, pues ya iba acercándose la hora de comer.

Y aquí nos encontramos con otro problema. Teníamos que dar la vuelta, pero era dirección prohibida. Si seguíamos adelante nos toparíamos con el camping, el cual tenía cerrada la carretera y no podíamos ir hacia arriba porque no podíamos torcer.

La solución, al menos la que estaba en mi cabeza, era bajar hasta abajo y rodear el pueblo por la carretera gorda hasta entrar por la avenida gorda hasta la zona de aparcamiento.
Muy bonito en mi cabeza y como nadie me hace caso nunca menos en el caso en el que me pongo a guiar por una zona desconocida y confusa pues fuimos camino abajo hasta llegar a un sitio en el que… bueno, no sabíamos por dónde ir.

A ver, he de decir en mi defensa, que en el plano de Villarrobledo que te mostraban en la web todo parecía más bonito, con flechas de colores y señalado con verde la zona de aparcamiento y eso. ¿Quién iba a pensar que habría rotondas y cruces de por medio?

Así que si ya nos habíamos conocido medio Villarrobledo buscando el mercadona el jueves, aquel día nos conocimos el otro medio, siempre bajo la atenta y paternal vigilancia del pajarito de la guardia civil.

De alguna manera, y tras algunas maldiciones hacia mi persona, logramos encontrar… no, el parking, no, pero sí el cuartel de la guardia civil, donde aprovechamos para ir a preguntar por el móvil de petan que… bueno, no pudo reclamar porque por lo visto estaba todo el mundo allí por la misma razón.

Nos pusimos en camino de nuevo y tras ver por tres veces el sitio por donde habíamos entrado Popy y yo (lo cual eran diferentes entradas) por fin llegamos a la gasolinera de BP por donde había entrado Petan y ya podíamos llegar. Además pudimos ver en nuestro camino que había otro mercadona por allí, un Día, un Aldi, un Lidl… faltaba un badulaque. Nos dimos cuenta que habíamos dado un puñado de vueltas cuando teníamos todo eso al lado…

En fin, como bien dice Daenerys, si miramos atrás estamos perdidos. Así que continuemos con la historia, la cual nos lleva de nuevo a la zona de aparcamiento donde iríamos a probar suerte a ver si encontrábamos un hueco para aparcar.

Pero la magia del Viña Rock no nos defraudó, no sólo encontramos sitio para aparcar, sino que encontramos el mismo sitio que habíamos abandonado antes al renunciar a él otro conductor, quién sabe por qué.

Cargando con la compra y tras encontrarnos a Vane que venía de… no recuerdo de dónde, nos fuimos camino de nuevo a nuestra zona con ganas de enganchar el camping gas y comer.

Llegados a este punto y con principios de tendinitis de tanto teclear, y sabiendo que no mucha gente llegará hasta aquí, os voy a contar un secreto por el cual quizás muera o quizás no. Este no es mi primer blog. Ya lo he dicho, no hay vuelta atrás. Bueno, podría borrarlo y tal, pero no lo voy a hacer. Mi anterior blog, o mejor dicho el anterior blog en el que participaba, pues lo llevábamos un grupo de amigos se llamaba El huevete era pequeño. Aún existe así que dejo el link, por si a alguien le interesa: http://elhueveteerapequenio.blogspot.com.es/ . La gracia del blog era no decir que éramos nosotros quienes escribíamos y pasarlo por las redes sociales como si hubiera sido un descubrimiento nuestro y tal. Obviamente, no tuvo demasiado éxito, pero éramos jóvenes y nos aburríamos mucho.

Volvamos a nuestra historia. Llegamos a nuestra zona y encontramos al resto del grupo ya comiendo unas tortillas de patata, que nos dieron a probar y estaba muy buena, la verdad. Popy y yo dejamos que esta vez fueran Petan, Javi y Vane los que hicieran la comida mientras nosotros descansábamos como señores a la sombra del toldo de aquella mañana tan movida tomando una rica cerveza.

He de decir que llegué a desconfiar un poco del resultado de los macarrones por el hecho de que iban con beicon y salchichas, pero debo reconocer que estaban buenísimos y si quitamos la obstrucción de las arterias, aquella comida era la perfecta para darnos la energía necesaria para la tarde que nos esperaba.
Después de comer hasta no poder aguantar más y de que nuestros amigos organizadores del Abejarock nos hablaran de sus visitas a Asturias por dos despedidas de soltero, decidieron sacar dos botellas de sidra que tenían en la nevera desde hacía un tiempo y, tras comprobar la habilidad de escanciar de Belloso, me convertí en el conejillo de indias para probar si estaba o no buena.

No morí así que todos consideramos que estaba buena y que podíamos seguir bebiendo. Diez minutos después habíamos acabado con las dos botellas y estábamos sacando cerveza para todos.
Y ahora es el momento de mirar de nuevo los horarios porque sinceramente ahora sí que no me acuerdo qué grupos íbamos a ver. Me acuerdo de Porretas, Sepultura y Ska-P, y creo que por ahí andaba Desakato y Bongo Botrako, y… Barón Rojo a los que no fui a ver porque están muy acabados y me da mucha pena.
Ah sí, ya recuerdo. Aquél día tocaba Manolo Kabezabolo a las 5 y media y teníamos ganas de ir, pero… estábamos demasiado a gusto allí. Además, se me soltó la lengua un poco más de la cuenta y empecé a criticar el Punk diciendo que no me gustaba demasiado (no hagáis esto en un festival de Punk) porque era muy sencillo y que podía sacar todas las canciones de Punk.

Así que me encontré con Belloso poniéndome canciones de Punk con el móvil que yo sacaba a duras penas porque sonaba más la guitarra que el móvil con lo que aunque sacara la canción nadie se lo creía, pero bueno. Fue un buen rato.

Decidimos que a lo que sí iríamos sería a Desakato, que tocaba a las 6 y media. Otro grupo al que no conocía y aunque no me impresionó demasiado terminó gustándome. Quizás fuera porque no parábamos de pedir cerveza unos y otros con las fichas que teníamos del día anterior o quién sabe.



El caso es que fuimos calentando porque los siguientes eran Porretas y… lo siento, el Punk no es lo mío, no puedo daros muchos detalles del concierto aparte de que me lo pasé de puta madre y hubo mucha cerveza de por medio.

so sí, aunque no tienen que ver mucho con el concierto, he de destacar varias cosas. Hubo varios momentos mágicos ese día. El primero fue cuando aparcamos en el mismo sitio que habíamos abandonado. El segundo de aquellos momentos fue cuando una ignorante pareja pasó a nuestro lado con una camiseta del Abejarock, lo cual causo un efecto inmediato entre nosotros, haciendo que Belloso cogiera al chaval por la espalda dándole un susto de muerte y le explicara que ellos eran los organizadores del evento terminando con una bonita foto... que no sé quién la tiene.



Otro momento del concierto o mejor dicho, personaje fue el tío vestido entero de oso panda (los lendakaris muertos tocaban después) y, digamos que su envergadura lo hacía parecer como tal provocando que todo el mundo quisiera hacerse una foto con él. Juraría que varios de nosotros se hicieron la foto, pero no sé quién la tiene.

Otro gran momentazo fue cuando un insensato pequeño grupo de personas se intentó hacer una foto con el escenario detrás y alguien se les añadiría provocando que otro se añadiera terminando con unas 70 personas en la foto entre las cuales nos encontrábamos, y esa foto sí que me gustaría tenerla pero va a ser un poco imposible. Si el dueño de la foto o alguien que lo conozca llegara a ver esto en algún momento de su vida sería genial que me pasara la foto para ponerla por aquí, porque fue un grandísimo momento.

Dado que más adelante tocaban grandes grupos como Sepultura y Ska-p, decidimos volver al camping a descansar y tomar un par de cervezas y quien dice un par dice llenar y vaciar varias veces la nevera.
Hubo un momento gracioso según llegábamos al camping pues resultó que coincidió que 5 de nosotros teníamos que mear colocándonos en fila en la pared del cementerio haciéndonos una foto. Pero eso no fue lo gracioso. Lo gracioso fue oír a lo que creo que era la novia de un tío diciéndole: “Tenías que mear en el otro lado, ¿no? No podías haberte puesto a mear a este lado de la pared y salir en la foto con esos colgaos, ¿no?”. Y sí, los colgaos éramos nosotros.



Ya en nuestro territorio, y según yo lo recuerdo y aviso que mis recuerdos pueden ser diferentes de la realidad dada la cantidad de cerveza que había caído, me saqué la guitarra dispuesto a tocar canciones más populares y conocidas empezando a cantar yo sólo, hasta que vino un vecino armado con un ukelele al que automáticamente Vane lo nombró Tomasito, y así se quedó el pobre.

Entonces empezamos a tocar, turnándonos la guitarra y la gente se empezó animar. Niño Soldado de Ska-P, Ellos Dicen Mierda de La Polla Records, En Blanco y Negro y No Hay Tregua de Barricada y otras cuantas conocidas, provocando que la gente se animara y terminando cantando todos juntos. Oh, qué precioso momento.

Para bien o para mal llegó la hora de irnos, para ver un trozo de Lendakaris y después a Sepultura. Y bueno, sobra decir que se ya las cervezas ni las metíamos en la nevera pues no daba tiempo a que se enfriaran.

Y esto nos lleva al siguiente escenario: La Puerta. O donde te registran o te tocan literalmente los huevos. Las chicas se quejaban de nuevo por los excesivos registros provocando que Belloso a grito de “¡Esta noche me tocan!” se metiera en la cola de las tías.

Obviamente la ley dice que una tía no puede registrar a un tío, al menos no profundamente, por lo que terminaron desviándole a la cola de tíos. Pero… aquello no podía ser. ¿Acaso no estamos hablando constantemente de igualdad de oportunidades? Eso… eso… eso era una Dictadura.
Y así terminamos cantándoles a los registradores “Lo llaman Democracia y no lo es” que se modificó en un triste “Lo llaman Dictadura y eso es” para terminar en un “Abejarock, Abejarock, Abejarock” que atrajo la atención al tercer momento mágico de la noche.

Resulta que al grito de Abejarrock se nos unió un tipo que, sorprendentemente, tenía puesta una camiseta de “De Mal en Peor” antiguo grupo de punk bejarano, y digo antiguo porque ahora se llaman Impakto.
El caso es que el tío este no sólo conocía al grupo, sino que había sido compañero de piso de Cascón, el bajista y colega nuestro. Así que, como no podía ser de otra manera, terminaron llamándolo y hablando con él.

Tras ver un trozo de Lendakaris que no recuerdo muy bien, nos fuimos a ver Sepultura. Por desgracia, aunque son un grupo brutal, nadie menos yo quería quedarse, así que terminé quedándome sólo, esperando a Petan que había ido a mear o a pedir cerveza y no había vuelto a aparecer.
Por desgracia tampoco puedo hablar mucho de este concierto, soy musicalmente inculto en el sentido de que no conozco demasiados grupos y este no era uno de esos. Sin embargo, como buena amante del metal, pude disfrutar de un grandísimo espectáculo entre música, luces, la gente… a ver si me hago con los discos, porque paso de escucharlos en Spotify y que me salte entre medias un anuncio de tuenti o peor, una canción de Justin Bieber.

En fin, llegaba el turno a Ska-P y volver a ser ese niño de 8 años que se montó en un autobús camino a un campamento y escuchó la cinta de El Vals del Obrero y por ahí entró al mundillo del Rock. Poco a poco obviamente, además ya había tenido mis viajes con Deep Purple, Led Zeppelin y Pink Floyd gracias a mi padre.

He de señalar que antes de separarme del grupo, había quedado con ellos en un poste de madera, apuntad esto para el futuro. El caso es que me dirigí hacia allí encontrándome curiosamente con la única persona que no había quedado allí, más que nada porque no estaba cuando quedamos: Petan.
El resto no apareció, pero, considerando la enorme cantidad de gente que había consideré que no les había sido posible o simplemente habían preferido no hacerlo. Y es que, ¿a quién no le gusta o le ha gustado o ha bailado en la verbena alguna vez Ska-p?

Excepto unos cuantos, pude observar que la mayoría de los allí presentes habíamos crecido con ellos. Ellos habían sido nuestro primer grupo fuera de lo que te decían en la tele o en la radio que escucharas. Es decir, a mis nueve años yo ya tenía mi cinta de Eurosis, mi cinta de Celtas Cortos y mi cinta del Ballbreaker de AC/DC, la cual aún conservo en el coche junto a la cinta del A Real Live One de los Maiden y un concierto de Nirvana en Roma.

¿Y cómo sé esto? Fácil. El concierto estuvo bien, suenan los temas de siempre y disfrutas la puesta en escena que es siempre genial. Pero entonces se ponen a tocar temas de los últimos discos y ves cómo la gente se va callando y quedan unas cuantas voces. Seamos realistas, aparte de que Ska-p perdió toda su credibilidad cuando dijo que daba 5 conciertos y lo dejaban, para luego volver a unirse cuando les ha convenido, han perdido mucho fuelle desde Eurosis o Planeta Skoria. Además, musicalmente hablando no son gran cosa por no decir que muchos grupos amateur los superan sin dificultad.



¿Qué ganan? o mejor dicho ¿Cómo ganan? Fácil. Canciones pegadizas, mucha trompeta y ska y punk bien mezclados. Además, ¿a quién no le gusta ser reivindicativo?
En fin, no voy a negar que me lo pasé bien en el concierto y, dado que no dan casi ningún concierto en España, fue una oportunidad.

Hubo un momento en que nombraron las comunidades autónomas de España evocando a que los habitantes de cada una de ellas gritara. Bien, pues, aun teniendo una maldita bandera de Castilla y León delante, se olvidaron de nombrarnos. Vale, que CyL es una mierda, que no aportamos nada más que monumentos, que somos los perritos falderos del PP de Madrid (generalizando). Sí, todo eso es cierto. Pero tío, tienes una puta bandera delante de tus narices.

Otra cosa que no estuvo demasiado bien, fue el hecho de que encendieran bengalas entre el público. Ya hablé de ello la otra vez. Te violan en la entrada para registrarte pero sólo te quitan el alcohol, las armas u objetos peligrosos da igual. Decidido. El año que viene me llevo una catapulta.

Oh, mierda, se me olvidaba el último momento mágico, aunque no tan mágico como los otros, del día. He de contar una pequeña historia previa pero juro que valdrá la pena…creo.

Vamos unos años atrás, el año del primer Abejarock. Antes del festival, se creó en uno de los bares de Béjar lo que se llamó la antesala del Abejarock, donde grupos que tocarían después en el festival o simplemente grupos en general tocarían todos los viernes del invierno y tal para ir recaudando para el festival.

Uno de estos grupos fue “Menos da una Piedra” y, como su nombre indica, menos da una piedra, pues, aunque no fui a verlos, me contaron los tres que formaron el público que eran malísimos y que el batería estaba puestísimo de todo y no sabía ni tocar.

Al día siguiente de dicho concierto y tras haberme contado el panorama, los de mi antiguo grupo, El Zulo, y yo los vimos por la calle y los gritamos por la ventanilla:

-          ¡Menos da una piedra!
-          Eeeeeeeyy (apagado y sin ganas)

Todo esto viene a que cuando estaba dirigiéndome hasta el poste de madera donde todos habíamos quedado pude escuchar ¡Menos da una piedra! ¡Menos da una piedra! ¡Menos da una piedra! A lo que pensé para mí: “No jodas…” Terminando la anécdota con un encuentro con el cantante del grupo al que le dije que me acordaba de ellos de cuando fueron a Béjar, terminando él con un “Sí, la liamos mucho en Béjar, sí” con cara de apenas recordar quién era y por qué estaba hablando conmigo.

Al terminar el concierto Ska-p yo, me dirigí religiosamente al poste de madera a esperar a unos amigos que no llegaron, así que en lo que empezó Bongo Botraco, otra banda hippy-pija-ska que tanto se llevan en estos tiempos, me fui a pedir una cerveza que conseguí a duras penas por la cantidad de gente y me la tomé esperando en vano en el poste de madera.
Oh, el poste de madera, mi único compañero, él y la chica de Guadalajara, y una cerveza, y la gente de Ciudad Real... Oh, soledad…
Cansado de esperar y de existir, pues estaba reventado después del concierto, me dirigí hacia el camping con la esperanza de toparme con algún puesto de comida en el camino, pero no podía con mi alma. De hecho, prácticamente me tambaleé hasta la tienda donde me dejé caer, literalmente y me quedé dormido al instante. Hasta que me desperté un rato después y logré cerrar la puerta de la tienda volviéndome a dormir inmediatamente.
Me desperté al día siguiente fresquísimo pues había dormido fenomenal. Aproveché que era el primero para despertar a la gente a grito de ¡Os han meao la tienda! En vano, pues no se despertaron hasta un rato después pudiendo coger lo que estaba en su tienda y el objetivo máximo de este Viña Rock: El Caldo.

Cogimos el camping gas e hicimos caldo. Caldo caliente para desayunar y eso, eso sí que fue brutal. Ningún concierto es capaz de superar la sensación del caldo caliente aliviando tu dañada garganta y reposando tu estomago ardiente de tanta Steimburg… A eso le añadimos el jamón con pan de ajo y algún que otro trozo de kit-kat.

Un desayuno genial, pero un desayuno triste, pues era el último que haríamos allí. Después de aquello sólo quedaba desmontar las tiendas, guardar las cosas al coche y partir hacia casa, donde nos esperaba la aburrida y triste vida diaria, muy lejos de la libertad que habíamos experimentado aquellos días inolvidables. Ahora sólo quedaba intentar explicar a la gente en vano cómo te sientes y por qué vuelves tan eufórico. Pero eso lo dejaremos para el epílogo.

Y con esto termina esta historia. Disfruté viviéndola y he disfrutado contándola. No soy bueno contando historias, pero espero que os haya gustado. Para terminar con la serie haré un epílogo como reflexión de a qué me ha llevado el vivir esto que está lejos de ser una simple colección de conciertos, al menos para mí.

He pensado que si alguien quiere contar alguna historia del Viña Rock y no sabe dónde ponerlo, que me lo pase y lo pondré tal cual en el blog a su nombre y dentro de la serie de Relatos Efímeros de un Viña Rock.

Salud y Rock & Roll.

No hay comentarios:

Publicar un comentario