Buff… Han pasado dos semanas desde que volví del Viña y
siento que este epílogo está fuera de lugar. Escribo estas líneas con pesimismo
y abandono y casi por compromiso conmigo mismo pues estoy seguro que a más de
la mitad de los que estáis leyendo esto no os interesa y al resto os da igual.
Sí, pues para qué mentir, al fin y al cabo este blog es un
poco medio terapia, un sitio donde soltar la escoria que suelta mi cabeza tras
rodar día a día por la misma pista donde ya apenas quedan baches y los que
quedan parecen huir dejando un camino llano y aburrido.
Y diréis “¡Vete a contarle tus mierdas a otro!” pero
primero, estáis leyendo esto porque queréis, nadie os ha obligado y segundo, esto forma parte del
epílogo en sí. Porque, qué puedo hablar de lo que supone haber vivido en plena
libertad sin complejos, sin presiones ni preocupaciones y llegar de nuevo a una
vida monótona y aburrida como es la mía y a punto de empezar los exámenes para
más inri.
He de decir sin embargo que, aunque sale de lo que
acostumbro a escribir, el hecho de narrar mi experiencia en el Viña ha sido
bastante reconfortante, pues después de llegar a casa a las tantas después de
un largo día de clases pensando en los informes de prácticas que tienes que
presentar y en los exámenes que tienes que estudiar, ponerte a relatar todo
esto resultaba para mí una auténtica salida permitiéndome dar pequeñas bocanadas
de aire antes de volver a zambullirme en la rutina.
Doy por ello mil gracias de haber tenido la oportunidad de
vivir tal experiencia, sobre todo a aquellas personas que me acompañaron y me
ayudaron a crear estos grandes recuerdos por los que me jodería mucho tener alzhéimer
en el futuro…
Como ejemplo gráfico de cómo me sentí un día como hoy hace
dos semanas podéis imaginaros que estáis en una montaña rusa brutal y de
repente el carril se mete por un barro muy pegajoso parándose en seco y
continuando el recorrido, esta vez por llano y a velocidad de tortuga y aun
cuando te has acostumbrado por fin a este nuevo y al mismo tiempo viejo ritmo,
todavía puedes mirar atrás y alcanzar a ver aquellos lupins que tanto te han
hecho disfrutar.
Y sabes que no hay nada que hacer más esperar a tener otra
oportunidad y pasar el mal trago lo más cómodo posible como aquel crío que debe
tomarse una medicina maloliente y repugnante y la traga rápido tapándose la
nariz y cerrando los ojos.
Y con esto termino. Una entrada breve espero que
esclarecedora, que cierra definitivamente esta pequeña saga de “Relatos
Efímeros de un Viña Rock” y me obliga a decir definitivamente adiós a lo que
durante estas semanas ha sido uno de los mayores apoyos que he tenido.
Pero no me da pena, pues como decía al principio, este
epílogo parece estar ya fuera de lugar y ya tenía ganas de terminarlo para
poder llenar el blog con unas cuantas tonterías, pues ahora llegan los exámenes
y los exámenes me cabrean y cuando me cabreo me inspiro y cuando me inspiro
pues… salen cosas como reflexiones y riffs de guitarra, cualquier cosa con tal
de distraerme de estudiar por lo visto…
Y sin más me despido que me estoy poniendo bastante pesado.
Salud y
Rock and Roll.
PD: Como dije en entregas anteriores si alguien que estuvo
en el viña quiere contar alguna historia, anécdota o relatar algún concierto
que le gusto o simplemente tocar las narices un rato al populacho, que me pase
su escrito y lo publicaré con gusto a su nombre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario