domingo, 19 de mayo de 2013

Relatos Efímeros de un Viña Rock. Epílogo: Choque con la Realidad.


Buff… Han pasado dos semanas desde que volví del Viña y siento que este epílogo está fuera de lugar. Escribo estas líneas con pesimismo y abandono y casi por compromiso conmigo mismo pues estoy seguro que a más de la mitad de los que estáis leyendo esto no os interesa y al resto os da igual.

Sí, pues para qué mentir, al fin y al cabo este blog es un poco medio terapia, un sitio donde soltar la escoria que suelta mi cabeza tras rodar día a día por la misma pista donde ya apenas quedan baches y los que quedan parecen huir dejando un camino llano y aburrido.

Y diréis “¡Vete a contarle tus mierdas a otro!” pero primero, estáis leyendo esto porque queréis, nadie os ha obligado y segundo, esto forma parte del epílogo en sí. Porque, qué puedo hablar de lo que supone haber vivido en plena libertad sin complejos, sin presiones ni preocupaciones y llegar de nuevo a una vida monótona y aburrida como es la mía y a punto de empezar los exámenes para más inri.

He de decir sin embargo que, aunque sale de lo que acostumbro a escribir, el hecho de narrar mi experiencia en el Viña ha sido bastante reconfortante, pues después de llegar a casa a las tantas después de un largo día de clases pensando en los informes de prácticas que tienes que presentar y en los exámenes que tienes que estudiar, ponerte a relatar todo esto resultaba para mí una auténtica salida permitiéndome dar pequeñas bocanadas de aire antes de volver a zambullirme en la rutina.

Doy por ello mil gracias de haber tenido la oportunidad de vivir tal experiencia, sobre todo a aquellas personas que me acompañaron y me ayudaron a crear estos grandes recuerdos por los que me jodería mucho tener alzhéimer en el futuro…


Como ejemplo gráfico de cómo me sentí un día como hoy hace dos semanas podéis imaginaros que estáis en una montaña rusa brutal y de repente el carril se mete por un barro muy pegajoso parándose en seco y continuando el recorrido, esta vez por llano y a velocidad de tortuga y aun cuando te has acostumbrado por fin a este nuevo y al mismo tiempo viejo ritmo, todavía puedes mirar atrás y alcanzar a ver aquellos lupins que tanto te han hecho disfrutar.

Y sabes que no hay nada que hacer más esperar a tener otra oportunidad y pasar el mal trago lo más cómodo posible como aquel crío que debe tomarse una medicina maloliente y repugnante y la traga rápido tapándose la nariz y cerrando los ojos.

Y con esto termino. Una entrada breve espero que esclarecedora, que cierra definitivamente esta pequeña saga de “Relatos Efímeros de un Viña Rock” y me obliga a decir definitivamente adiós a lo que durante estas semanas ha sido uno de los mayores apoyos que he tenido.

Pero no me da pena, pues como decía al principio, este epílogo parece estar ya fuera de lugar y ya tenía ganas de terminarlo para poder llenar el blog con unas cuantas tonterías, pues ahora llegan los exámenes y los exámenes me cabrean y cuando me cabreo me inspiro y cuando me inspiro pues… salen cosas como reflexiones y riffs de guitarra, cualquier cosa con tal de distraerme de estudiar por lo visto…

Y sin más me despido que me estoy poniendo bastante pesado.

Salud y Rock and Roll.

PD: Como dije en entregas anteriores si alguien que estuvo en el viña quiere contar alguna historia, anécdota o relatar algún concierto que le gusto o simplemente tocar las narices un rato al populacho, que me pase su escrito y lo publicaré con gusto a su nombre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario