Me aburre, me aburre mucho el mundo, todo él, con su forma
tan previsible e irracionalmente racional y monótona. La vida se reduce a la
mera existencia y la existencia al entretenimiento. Objetivos banales llenan
nuestros sueños y esperanzas vacías nos reconfortan. Somos muertos, muertos
vivientes que poblamos la tierra ignorando nuestro inevitable destino como si
eso nos fuera a librar de él.
Me irrita, me irrita el hombre que camina sobre un dios
omnipotente sobre lo que le alcanza la vista mientras teme el más mínimo
soplido por parte de la madre Tierra. El hombre, conquistador de nada y enemigo
de todo, y no termina siendo más que un niño asustado a merced del caos.
Me fascina, me fascina el caos y su magnífico orden. Me
pierdo pensando en la ambigüedad de la supuestamente perfecta lógica terminando
mis torpes reflexiones con una interminable carcajada como espectador de la
mayor comedia jamás escrita.
Y como espectador me encuentro ante la torpeza del ser
humano desempeñando el papel de poli estúpido de las comedias americanas. Este
curioso personaje avanza en la trama a base de tropiezos manteniéndole dando
vueltas en el sitio cual perro persiguiendo su propia cola, con perdón de los
perros.
Y entonces me veo a mí mismo actuando en tan patética
representación tropezando y cayendo y dando cómicas volteretas mientras
destrozamos el decorado y, pese a poder ver el guion, saber que no es más que
una comedia en la cual desempeñamos el más humillante de los papeles, sucumbo
con mis iguales a la continuación eterna de esta obra estúpida.
En un alarde de misantropía escribo estas líneas sin razón
ni agotamiento, pues no es verdad lo que busco mas mero entretenimiento y
cuanto más lo pienso más me pierdo en el infructuoso mar de mis perturbados
pensamientos.

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